La Ruta 66 cumple un siglo: cien años de neones, moteles de paso y el sueño americano sobre ruedas

cartel de neón vintage sobre la Ruta 66 en Flagstaff, Arizona
Fotografía que muestra el letrero oficial que indica el final de la emblemática Ruta 66, en Santa Mónica (EE.UU.). EFE/ Omar Alonso

FLAGSTAFF, ARIZONA, EE. UU., 6 de septiembre de 2026.- Hay carreteras que solo llevan de un punto a otro. Y hay una que, desde hace cien años, lleva algo más. La Ruta 66 —la Carretera Madre, la llaman— cumple un siglo sin haber perdido su pulso. Es el mismo pulso que sintieron quienes la recorrieron huyendo de la Gran Depresión. Y es el que hoy sienten los turistas que la atraviesan solo por el gusto de sentirla.

Se inauguró a finales de 1926. Fueron casi 4.000 kilómetros de asfalto que unían el bullicio de Chicago con la brisa salada del muelle de Santa Mónica. La ruta atraviesa ocho estados, entre el Medio Oeste y la costa del Pacífico, y fue una de las primeras carreteras pavimentadas del país. Ya no existe como autopista oficial única, pero buena parte de su trazado todavía puede recorrerse.

Una ruta que nació para el olvido y se convirtió en leyenda

La Ruta 66 no nació como ícono. Nació como necesidad. Entre 1929 y 1939, mientras la Gran Depresión vaciaba pueblos enteros, miles de familias la tomaron para escapar hacia el oeste. Los empujaba la desesperación y los sostenía apenas la promesa de una vida mejor en California. Esa memoria todavía respira en ciudades como Flagstaff, Arizona: un punto de descanso obligado para viajeros exhaustos antes de bajar hacia el desierto y los valles californianos.

Caminar hoy por Flagstaff es caminar por un archivo a cielo abierto. Hay edificios de piedra del siglo XIX, vitrinas de otra época y carteles de neón que todavía parpadean. La avenida principal sigue trazada sobre la Ruta 66 y corre en paralelo a las vías del tren. De noche, se llena de un resplandor ámbar que parece sacado de una postal vieja.

«Somos la ciudad más grande del norte de Arizona, y estos cambios han sido notables, pero la Ruta 66 sigue siendo la calle principal de nuestra ciudad», resume un vecino del lugar.

El imán que no deja de atraer

Flagstaff recibe alrededor de cinco millones de visitantes al año. Gran parte de ese turismo se explica por su cercanía con el Gran Cañón, a apenas hora y media en auto. Pero no todos llegan solo por el cañón.

«Mucha gente, cuando viene a Arizona a ver el Gran Cañón, especialmente si viene del extranjero, también quiere experimentar la Ruta 66, porque tiene un atractivo perdurable en todo el mundo», cuenta Sarah, empleada de una tienda de artilugios de época en pleno centro de la ciudad. Y agrega algo que explica por qué la ruta sigue viva: «En los alrededores encontrás todo tipo de paisajes, desierto, bosque, cañones. Y una historia increíble: toda esa gente que viajó en la década de 1930 por Estados Unidos, y que sigue haciéndolo, más de cien años después».

Los hoteles clásicos, los restaurantes grasientos —los famosos diners— y el comercio de barrio no son casualidad. Son política. Flagstaff cuida su patrimonio con la misma insistencia con la que la ruta se resistió a desaparecer. «La ciudad se esfuerza mucho por preservar esos edificios históricos antiguos, algunos de ellos mucho más antiguos que la propia Ruta 66», señala Randazzo.

De carretera olvidada a santuario de nostalgia

La ironía de la Ruta 66 es que estuvo a punto de morir de éxito ajeno. Las autopistas modernas del siglo XX la fueron arrinconando. En 1985 fue retirada oficialmente del sistema de carreteras de Estados Unidos. Pero lo que debía ser un final terminó siendo otra cosa: ciudades como Flagstaff, Kingman y Seligman se transformaron en un museo vivo, sin vitrinas ni entradas pagas, solo con el asfalto original y la memoria intacta.

Cien años después de su inauguración, la Ruta 66 sigue llenándose de motores. Ya no es gente que necesita huir, como en los años treinta. Es gente que necesita, aunque sea por un rato, sentir que todavía existe una carretera capaz de significar algo más que llegar a destino.

La banda sonora de la ruta
“Route 66” es tan parte del mito de la carretera como sus moteles y sus carteles de neón. Compuesta por Bobby Troup en 1946, se convirtió en un estándar del blues y el rock, con versiones de Nat King Cole, Chuck Berry y The Rolling Stones. En 2000, el guitarrista argentino Pappo grabó su propia versión en español, “Ruta 66”, incluida en el álbum Pappo y Amigos, Vol. 2, recorriendo en la letra el mismo trayecto de Chicago a Los Ángeles que la carretera real.

Con información de EFE