Fraude en importaciones: el negocio de los jeans a u$s 0,10

Operativo de control aduanero en la frontera argentina, en el marco de las denuncias por fraude en importaciones y contrabando.
Gendarmes custodian un puesto fronterizo en Clorinda (Foto: AFP).

BUENOS AIRES, 1 de julio de 2026.- El fraude en importaciones volvió al centro de la escena con una denuncia que expone las grietas del sistema de control argentino. Según advierten especialistas, existen 2.500 kilómetros de fronteras “permeables” por donde ingresan mercaderías con facturas falsificadas y valores irreales, como jeans declarados a u$s 0,10 o celulares de contrabando.

El alerta se da en un contexto de endurecimiento del discurso oficial contra el comercio ilegal. El gobierno nacional había prometido un combate frontal al contrabando y la subfacturación, pero las denuncias recientes indican que el problema persiste y, en algunos puntos críticos, se ha profundizado.

El mecanismo del fraude en importaciones: subfacturación y sobrefacturación

Los especialistas consultados por este medio explicaron que el fraude en importaciones opera a través de dos mecanismos principales: la subfacturación, que permite ingresar mercadería declarando un valor muy inferior al real para pagar menos aranceles, y la sobrefacturación, utilizada para girar divisas al exterior simulando compras inexistentes.

El caso de los jeans a u$s 0,10 es emblemático de la subfacturación. Con ese valor declarado, un importador paga aranceles ínfimos y puede ingresar toneladas de ropa sin que el sistema aduanero detecte la maniobra. “Es un robo al Estado y una competencia desleal para la industria nacional”, señaló un exfuncionario de la Aduana que prefirió mantener el anonimato.

2.500 kilómetros de fronteras “permeables”

El informe revela que Argentina tiene 2.500 kilómetros de fronteras terrestres con controles insuficientes o directamente inexistentes. Esos pasos ilegales se concentran principalmente en el norte del país, en zonas limítrofes con Bolivia, Paraguay y Brasil, aunque también hay puntos críticos en la Patagonia.

La permeabilidad de esas fronteras permite el ingreso no solo de ropa y electrónicos, sino también de medicamentos, neumáticos y autopartes sin registro sanitario ni control de calidad. El fraude en importaciones, en ese sentido, no es solo un problema económico, sino también un riesgo para la salud y la seguridad de los consumidores.

La respuesta oficial: Seguridad, Aduana y Comercio

Fuentes del Ministerio de Seguridad indicaron que se están reforzando los operativos en los pasos fronterizos más críticos, pero reconocieron que la extensión territorial dificulta un control efectivo. Por su parte, la Aduana aseguró que implementó nuevos sistemas de verificación de valores y que está trabajando en la actualización de los precios de referencia para más de 1.000 productos.

El área de Comercio, en tanto, afirmó que impulsa un plan de fortalecimiento de la industria nacional como herramienta para reducir el incentivo al contrabando. “No se combate el fraude solo con controles, sino también generando condiciones para que producir en Argentina sea competitivo”, señalaron desde la cartera que conduce Pablo Lavigne.

El impacto en la economía y la industria nacional

El fraude en importaciones tiene consecuencias directas sobre la economía real. Por un lado, el Estado pierde recursos fiscales por los aranceles no percibidos. Por el otro, la industria nacional enfrenta una competencia desleal que en muchos casos lleva al cierre de fábricas y a la pérdida de puestos de trabajo.

Los jeans a u$s 0,10 no son una excepción. En los últimos meses, empresas textiles de Tucumán, Santiago del Estero y Buenos Aires denunciaron una caída en sus ventas que atribuyen directamente al ingreso de ropa importada por debajo de su costo real de producción.

El gobierno nacional anticipó que en las próximas semanas presentará un paquete de medidas para fortalecer el control aduanero y endurecer las penas para quienes participen en el fraude en importaciones. La eficacia de esas medidas, sin embargo, dependerá de la capacidad del Estado para cubrir los 2.500 kilómetros de fronteras que hoy permanecen permeables.

Con El Cronista