
WASHINGTON, EE. UU., 13 de junio de 2026.- La batalla cultural más resonante de Washington llegó a su fin este viernes. Trump pierde el Kennedy Center tras una resolución judicial que obligó a retirar su nombre de la fachada del emblemático edificio. La junta directiva, integrada por aliados del presidente, cumplió la orden sin margen de maniobra.
El fallo, dictado el 29 de mayo, fue contundente: el magistrado sostuvo que la ley fundacional del centro “deja absolutamente claro” que el edificio debe llamarse en honor al presidente John F. Kennedy, asesinado en 1963. Por tanto, ninguna junta puede cambiar esa denominación de manera unilateral.
En este sentido, el juez fijó un plazo de dos semanas para concretar la remoción. El plazo venció este viernes y el nombre fue retirado.
Trump pierde el Kennedy Center: la junta recurrió hasta último momento
No fue una retirada sin resistencia. La noche anterior al vencimiento del plazo, la junta presentó un recurso de urgencia para frenar la decisión. El intento fracasó.
La misma resolución también bloqueó el cierre del centro por dos años para obras de remodelación, previsto desde el 4 de julio próximo. Ese punto también fue impugnado. Por su parte, el lunes previo la institución había eliminado el nombre de Trump de su sitio web como primer paso hacia el acatamiento.
No obstante, Trump reaccionó con dureza al conocer el fallo original. Dijo que el juez “debería avergonzarse de sí mismo” y acusó a la izquierda de preferir que el centro “muera antes que permitir que el presidente Trump lo transforme en algo de lo que todos puedan sentirse orgullosos”.
Artistas afuera y una gestión que dividió al mundo cultural
El conflicto no comenzó con el cartel. Desde febrero de 2025, cuando Trump volvió a la Casa Blanca, decenas de artistas cancelaron sus actuaciones en el teatro. El motivo: la destitución de los principales directivos del centro, reemplazados por figuras del Partido Republicano o cercanas al movimiento MAGA.
Bajo esta premisa, la disputa por el Kennedy Center pasó a ser el símbolo más visible de la tensión entre la administración Trump y el establishment cultural de Estados Unidos. Con el nombre ya fuera de la fachada, Trump pierde el Kennedy Center como espacio propio y queda en manos de una institución que el Congreso, y no él, define.
