
27 de julio de 2026.- ETA en Latinoamérica vuelve a ser noticia. El rescate de un miembro de la banda en Venezuela ha puesto sobre la mesa la cuestión de los terroristas refugiados en la región. Se trata de Luis María Olalde Quintela, que tiene casos pendientes ante la Justicia española y el terremoto lo dejó entre las ruinas de un edificio derruido. No ha sido un caso aislado. Poco después, Italia reiteró ante Nicaragua su solicitud de extradición contra uno de los integrantes de las Brigadas Rojas acusado del secuestro y asesinato en 1978 del entonces primer ministro, Aldo Moro.
La presencia de ETA en Latinoamérica no es un fenómeno reciente. La banda terrorista ETA anunció que dejaba las armas hace casi quince años y se disolvió hace ocho. Sin embargo, ¿quedan refugiados en la región miembros suyos reclamados por la Justicia española?
“Claro que quedan, evidentemente sigue habiendo terroristas de ETA con delitos de sangre”, dice José Manuel Azcona, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Rey Juan Carlos. En su libro ‘Terrorismo sin límites. Acción exterior y relaciones internacionales de ETA’ recoge casos concretos.
“Quedan muy pocos, porque han ido volviendo a lo largo del tiempo; unos, porque su causa prescribió, otros, porque no tenían acusaciones. La gran mayoría ha vuelto”, matiza Florencio Domínguez, director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo en Vitoria y uno de los mayores expertos en la historia de la banda. Algunos han rehecho su vida en Venezuela o México y sí que permanecen allá, pero son “no más de una o dos docenas”, afirma.
El rescate de un etarra en Venezuela reaviva el debate sobre ETA en Latinoamérica
Efectivamente, la Audiencia Nacional pidió en mayo pasado al nuevo gobierno de la presidenta interina Delcy Rodríguez en Venezuela información sobre catorce miembros de ETA con causas pendientes con la Justicia de España. Allí se encuentra un tercio de los etarras buscados que están refugiados en América Latina. El más relevante es Iñaki de Juana Chaos que, sin embargo, ya ha cumplido condena por sus asesinatos y únicamente se le busca por un delito de enaltecimiento del terrorismo.
Etarras en Latinoamérica: una salida consentida por España
“Presencia de ETA en América ha habido desde el primer momento”, explica Domínguez. “De hecho, cuando nace ETA [en julio de 1959], a los pocos meses se constituye ya una célula de miembros de ETA en Venezuela”, recuerda. Los terroristas buscaban allí un refugio, sobre todo cuando el territorio francés dejó de ofrecer la seguridad que encontraban inicialmente.
“En los años ochenta, cuando se produce el inicio de la colaboración de Francia con España en la lucha contra el terrorismo, con François Mitterrand en la presidencia, Francia seguía siendo reacia a detener etarras y entregarlos a las autoridades españolas”, afirma Domínguez, autor también de un libro sobre el tema: ‘Las conexiones de ETA en América’.
El papel de Francia en la dispersión de ETA en Latinoamérica
París prefería no extraditar a España a los terroristas, sino enviarlos deportados a terceros países. Después de probar con Estados africanos como Cabo Verde o Angola, empezaron a enviarlos a Latinoamérica.
El catedrático José Manuel Azcona explica que el gobierno español también aceptó esa práctica. El Ejecutivo vio ahí una forma de enviar a un exilio controlado a elementos filoetarras incómodos que no habían cometido delitos de sangre. Pretendían, así, evitar futuros atentados. De hecho, “el Estado español financiaba su estancia a cambio de que estuvieran vigilados y controlados”, recuerda el historiador. “Pero a los asesinos no: a esos, por supuesto, extradición, justicia, cárcel y lo que procediera”, puntualiza. Aunque la idea era buena inicialmente, valora, acabó también viajando a la región “gente con las manos manchadas de sangre”. Sin embargo, eso ocurrió más tarde.
Los negocios de ETA en Latinoamérica
“Claro que cuando ya se habían instalado allí las periferias de ETA, llegaban los asesinos huidos y era muy difícil distinguirlos”, afirma Azcona. Los delincuentes encontraban apoyo en esa red que hacía proselitismo, pero también montaba negocios. Con los réditos de esos negocios se sufragaba su estancia e, incluso, se financiaba a la banda terrorista”, señala. “Aunque es algo muy difícil de probar, se enviaban fondos a España para la causa vasca en general, y sabemos que una parte significativa llegaba a ETA”, añade.
Entre los negocios que montaron en Iberoamérica los había realmente prósperos, como el célebre restaurante La Trainera, en Montevideo, “frecuentado incluso por los presidentes de la Nación”, recuerda Azcona. Pero también más modestos, como el taller de reparación que montó uno de ellos en Nicaragua, al que apodaban curiosamente ‘El español’, y que fue descubierto por una explosión fortuita. Como fue fortuito ahora que se hallara al etarra Luis María Olalde Quintela rescatado en Venezuela tras el sismo.
México, país refugio para ETA en Latinoamérica
Ciudad de México se convirtió durante todo el siglo XX en la meca de los asilados de Latinoamérica. Durante el siglo XIX, la capital mexicana había enviado a sus políticos caídos en desgracia al exilio a Estados Unidos y otros países. Algo así como lo que, en Europa, fue París para los perseguidos políticos. Llegaron a México exiliados de todas las dictaduras latinoamericanas. Sin embargo, su tradición como “país refugio” ya había surgido antes, como lo muestra el caso de León Trotsky, al que el gobierno de Lázaro Cárdenas ofreció asilo por recomendación de Diego Rivera.
El país también acogió desde un principio a gran parte del exilio republicano español. Eso ocurrió tras la Guerra Civil Española y durante la dictadura de Franco. Y, con él, a una gran comunidad vasca. “Sobre todo Venezuela y México tenían una emigración muy importante de exiliados vascos de la Guerra Civil, del nacionalismo vasco”, explica Domínguez. “Muchos miembros de ETA, cuando huían y no querían seguir en activo, se iban a esos países porque encontraban una base social, una red de apoyo que les ayudaba a conseguir documentos, trabajo, a instalarse en el país”.
La colaboración con España y el fin del refugio de ETA en Latinoamérica
No obstante, “México comenzó, a partir de 1995, a colaborar con España”, destaca Domínguez. “Se produjeron detenciones de miembros de ETA que eran deportados a territorio español invocando la Ley de Población de México, porque habían ingresado de forma irregular en el país al haber entrado muchos con documentación falsa”. Las autoridades mexicanas detuvieron y retornaron a España a una treintena de miembros de ETA. Otros huyeron, principalmente a Venezuela, “porque en Venezuela tenían asegurado que eso no iba a pasar”.
Eso hizo también que la lista se fuera ampliando a otros países, añade Azcona. “Los países donde más colonia vasca histórica había, o sea, además de México y Venezuela, Argentina, Uruguay, Chile (algo menos por la influencia del pinochetismo) y, por supuesto, Cuba, por el régimen”. También Nicaragua o El Salvador, por la afinidad ideológica. Allí eran tolerados por los gobiernos locales y, según los casos, más o menos vigilados y controlados. “La excusa era que allí no atentaban, y es verdad… pero hacían lobby”, destaca el experto. Y establecían contactos internacionales con otras organizaciones, como el IRA, las Brigadas Rojas, la alemana Baader-Meinhof, y con las guerrillas locales.
Vínculos de ETA en Latinoamérica con organizaciones armadas
“Muchos gobiernos sudamericanos no extraditaban [a los terroristas de ETA], también hay que decirlo, porque tenían una aureola casi de heroicidad”, destaca Azcona. “La misma que tenían en España las guerrillas iberoamericanas”, compara. En muchos casos hubo contactos y visitas, pero estas simpatías y afinidades ideológicas se tradujeron en otras ocasiones en una cooperación material con las distintas guerrillas activas en el continente.
Colaboración con FARC y otras guerrillas
“ETA enseñó a las FARC a poner bombas, a cambio de dinero y de dejarlos operar en el despeje del Caguán”, pone de ejemplo Azcona, en referencia a la desmilitarización de dicha área en 1998. “Los grupos terroristas europeos -y había varios- admiraban las luchas guerrilleras en Iberoamérica en muchos sentidos”, recuerda. Miembros de ETA también recibieron entrenamiento en campamentos de las FARC e incluso les ofrecieron cooperación para actuar en Europa.
Aparte de las FARC colombianas, ETA mantuvo los contactos muchas veces en Caracas. También sostuvo vínculos con los Montoneros en Argentina o con los Tupamaros en Uruguay, sostiene el experto. “Por ejemplo, a los uruguayos les dieron una cantidad importante para crear una radio, la emisora CX 44 Radio Panamericana, donde hacían proselitismo de su causa en Uruguay”, recuerda Azcona. En Nicaragua, añade Domínguez, algunos se instalaron cuando triunfó la revolución sandinista y “trabajaron para los servicios secretos sandinistas, dirigidos por oficiales cubanos”. También hubo casos de miembros de ETA que combatieron en El Salvador junto a la guerrilla.
¿Tuvo vínculos ETA también con los cárteles del narcotráfico? Testimonios como el de Jhon Jairo Velásquez, alias ‘Popeye’, apuntan a que un terrorista de ETA instruyó a los narcotraficantes en el uso de explosivos. Se refieren a ese terrorista como ‘Miguelito’. Esto ocurrió en la década de 1980 con el Cártel de Medellín y el Cártel de Cali, y dio paso a una serie de más de 250 atentados con bomba en Colombia. Los investigadores no han podido corroborar la identidad del terrorista. Es posible que un error explique su adscripción como miembro de la banda terrorista, ya que según ‘Popeye’ compartió cárcel en Madrid con un capo vinculado a Pablo Escobar.
¿Deberían quedarse o volver?
La mayoría de los exmiembros de ETA que aún permanecen en Latinoamérica podrían volver a España al no tener ya causas pendientes con la Justicia. Sin embargo, muchos eligen quedarse allí porque “rehicieron su vida, se han casado con gente del lugar, tienen un restaurante, han montado algún negocio, como es el caso de Iñaki de Juana Chaos, que todavía está en Venezuela y que tenía una licorería hace unos años”, explica Domínguez.
“Los que tienen reclamación judicial, lo mejor sería que acabaran siendo juzgados por los delitos que tienen pendientes todavía”, espera Domínguez. El resto, sobre los que no pesan ya acusaciones judiciales, según él, harían mejor en quedarse donde están: “Pues, como en el caso de Iñaki de Juana, que actualmente tiene una acusación judicial, digamos, menor, si se queda ya allí, pues mejor, así no se cruza con ninguna de las víctimas de ETA en San Sebastián.”
La historia de ETA en Latinoamérica es larga y aún no ha terminado. La cuestión de ETA en Latinoamérica sigue generando interrogantes. El futuro de ETA en Latinoamérica pasa por la decisión de cada país y de la Justicia española.
Fuente: DW
