Cumbre Trump-Xi Jinping: Pekín e Irán, dos frentes en uno

Donald Trump y Xi Jinping en la cumbre Trump-Xi Jinping celebrada en Pekín con Irán como telón de fondo
El presidente Donald Trump llega para pronunciar un discurso en una cena para miembros de su administración y líderes de organizaciones policiales, durante la Semana Nacional de la Policía, en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, el lunes 11 de mayo de 2026, en Washington. (Foto AP/Julia Demaree Nikhinson)

WASHINGTON, EE. UU., 12 de mayo de 2026.- El petróleo que no llega, el estrecho que permanece cerrado y una guerra que ya supera los dos meses. Con ese telón de fondo, Donald Trump partió este martes hacia Pekín para la cumbre Trump-Xi Jinping, la más delicada desde que ambos líderes retomaron el diálogo. El objetivo declarado es avanzar en la compleja relación bilateral, aunque Irán sobrevuela cada conversación.

Antes de abordar el vuelo, el presidente estadounidense intentó bajar la temperatura. “Creo que se ha portado bastante bien, para ser honesto”, dijo sobre Xi. Y agregó que tiene a Irán “bastante controlado”. Sin embargo, la realidad diplomática es más tensa: Washington lleva semanas presionando sin éxito a Pekín para que use su influencia sobre Teherán y logre reabrir el estrecho de Ormuz, por donde transitaba el 20% del crudo mundial antes del conflicto.

Cumbre Trump-Xi Jinping: ¿qué hay en juego más allá de Irán?

La administración republicana parece decidida a que las diferencias sobre Irán no eclipsen otros asuntos críticos de la agenda bilateral. El comercio, el fentanilo y los controles de exportación de tierras raras son parte de un tablero donde ambas potencias tienen incentivos para no escalar.

China, por su parte, enfrenta un dilema propio. Es el mayor comprador mundial de petróleo iraní y tiene vínculos históricos con Teherán. Pero también necesita estabilidad económica y evitar un nuevo deterioro con Washington. Pekín ha enviado, según analistas, un “mensaje sutil de descontento a Irán” por el cierre del estrecho, aunque sin alinearse públicamente con Estados Unidos.

En este sentido, Ahmed Aboudouh, especialista del centro Chatham House, describió la postura china con precisión: “Son muy cautelosos, reacios al riesgo y no quieren verse involucrados en nada que los arrastre a algo que no consideran su problema”.

No obstante, la semana previa a la cumbre estuvo lejos de ser tranquila. El Departamento de Estado sancionó a tres empresas chinas por proveer imágenes satelitales a Irán para ataques militares. Pekín respondió calificando las medidas de “presión unilateral ilegal” y activó una ley de bloqueo de 2021 que prohíbe a entidades chinas acatar esas sanciones.

La sombra del estrecho de Ormuz y los mercados energéticos

El secretario de Estado Marco Rubio y el secretario del Tesoro Scott Bessent intensificaron en los últimos días sus llamados para que China presione a Irán y reabra el estrecho. El argumento oficial es que el cierre daña más a Pekín y a sus vecinos del Pacífico que a Estados Unidos, que depende mucho menos del crudo de Oriente Medio.

Rubio lo graficó sin rodeos: “No se les puede comprar si no se puede enviar el producto hasta allí”. La lógica es clara: China tiene más que perder con el estrecho cerrado. Pero Pekín, por ahora, muestra poco interés en involucrarse más a fondo.

Asimismo, un nuevo incidente sumó tensión en la región. Kuwait acusó a Irán de haber enviado un grupo armado de la Guardia Revolucionaria para atacar una isla donde funciona un proyecto portuario financiado por China. Teherán no respondió de inmediato.

Con todos estos frentes abiertos, la cumbre Trump Xi Jinping llega como una apuesta de alto riesgo para ambos líderes. Trump necesita mostrar avances concretos. Xi, en cambio, busca estabilidad sin comprometer su relación con Teherán. El resultado de esta cumbre Trump Xi Jinping podría redefinir el mapa energético y diplomático global en los próximos meses.