La Casa Blanca contra el Papa: la batalla por la doctrina de la guerra justa

Las relaciones entre la Casa Blanca y la Santa Sede atraviesan uno de sus momentos más difíciles en medio de arremetidas directas contra el papa León XIV. Gettyimages.ru

17 de abril de 2026.- Mil años de teología católica no detienen una guerra, pero sí le ponen nombre: justa o injusta. Esa distinción, elaborada por San Agustín en el norte de África, es hoy el campo de batalla entre Washington y el Vaticano. La guerra con Irán fue el detonante. La doctrina guerra justa, el verdadero terreno del conflicto.

Vance se convirtió al catolicismo en 2019 y eligió a San Agustín como su patrón espiritual. En un evento de Turning Point USA, invocó esa tradición para arremeter contra las críticas del Pontífice al conflicto con Irán. Le advirtió al Papa que “tenga cuidado cuando hable de cuestiones de teología”, citando en su defensa “más de mil años de tradición de la teoría de la guerra justa”.

Lo que Vance probablemente no calculó —o no dijo— es que ese mismo día el Papa León XIV se encontraba en Annaba, la ciudad portuaria argelina donde San Agustín vivió, escribió y fue enterrado. Hippo Regius, como se la conocía en la Antigüedad, es precisamente el lugar donde el obispo del siglo V elaboró la base intelectual de los principios que Vance pretendía defender. Además, el Papa León XIV es el primer Pontífice proveniente de la orden agustiniana. Si la oficina del vicepresidente sabía cuál era el itinerario del Santo Padre ese día, no lo dijo.

Días antes, el presidente Donald Trump había publicado en Truth Social que el Papa León XIV era “débil ante el crimen” y “terrible para la política exterior”, insinuando que el Pontífice creía que debía permitirse a Teherán desarrollar armas nucleares. El Papa nunca hizo ningún comentario sobre el derecho de Irán a las armas nucleares. La publicación llegó después de que el Pontífice calificara de “verdaderamente inaceptable” la amenaza de Trump de destruir “toda la civilización” iraní.

El Papa respondió a la mañana siguiente, a bordo del avión papal con destino a Argel. “No tengo miedo de la Administración Trump ni de hablar en voz alta sobre el mensaje del Evangelio”, afirmó. “Seguiré hablando en voz alta contra la guerra, buscando promover la paz, promoviendo el diálogo y las relaciones multilaterales entre los estados para buscar soluciones justas a los problemas”.

¿Qué dice realmente la tradición católica?

La teoría nació con San Agustín y fue sistematizada por Tomás de Aquino en su Summa Theologiae. Su lógica es exigente: no alcanza con creer que la causa es justa. La fuerza solo es legítima cuando la amenaza es real y comprobable, cuando no existe ninguna salida diplomática sin explorar, cuando hay chances ciertas de éxito y cuando el daño que se genera no supera al que se intenta evitar. Cada uno de esos filtros existe para una sola razón: que los Estados no sean jueces de su propia guerra.

El propósito central de este conjunto de normas es impedir que quienes participan en una guerra sean los jueces finales de su propia justicia.

“La doctrina de la guerra justa no se limita a preguntar si tu causa parece justa”, explicó Joseph Capizzi, decano de la Facultad de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad Católica de América. “Como todos sabemos, todo el mundo piensa que su situación es justa. Comprende que la mayoría de la gente piensa que sus causas son justas. Pero es un medio para distinguir las causas de guerra legítimamente justas de las ilegítimas”.

La doctrina también cambió en su forma de aplicarse a lo largo de la historia. Durante la mayor parte de su existencia, fue utilizada por los sacerdotes para autorizar las guerras de sus gobernantes. Impulsado por las guerras mundiales y el descubrimiento de las armas nucleares, el papado moderno la usa en sentido inverso.

“Antes, la doctrina de la guerra justa era utilizada a menudo por el clero nacional para dar permiso a su emperador o a su rey para ir a la guerra”, señaló Massimo Faggioli, profesor de eclesiología en el Trinity College de Dublín. “Ahora mismo, se utiliza sobre todo —yo diría que casi siempre— para decir: esta intervención militar no cumple esos criterios”.

San Agustín, que escribía mientras se desmoronaba el Imperio Romano, ya había planteado el interrogante sobre la justicia del poder. “Eliminada la justicia”, preguntó en La ciudad de Dios, “¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones?”. Vance citó esa misma obra como “la mejor crítica de nuestra era moderna” que ha leído, un libro que, según él, afectó profundamente su perspectiva religiosa y sus posiciones sobre política interior y exterior.

El Papa no es pacifista: qué dice su trayectoria

La Administración estadounidense presentó al Papa León XIV como un pacifista que simplemente no comprende que la fuerza es a veces necesaria. Los expertos rechazan esa caracterización de forma categórica.

Antes de su elección el año pasado, el Pontífice era votante republicano registrado. Ha criticado la guerra con Irán, pero también expresó apoyo al derecho de autodefensa de Ucrania. Su postura sigue con exactitud la línea histórica de sus predecesores. La Santa Sede consideró discretamente que la intervención en Afganistán tras el 11-S cumplía los criterios de guerra justa, porque Estados Unidos perseguía a los extremistas talibanes y a Osama bin Laden. En cambio, Juan Pablo II se opuso tanto a la Guerra del Golfo de 1991 como a la invasión de Irak de 2003, no como pacifista, sino alegando que no se había demostrado el agotamiento del último recurso.

“Acusar al Papa de pacifista es realmente absurdo”, sostuvo Faggioli. “Vance y Trump acusan al Papa de pensar en la guerra como un católico europeo. Pero eso no es cierto. Él está utilizando la doctrina de la guerra justa, y los cardenales estadounidenses que han hablado en contra de la guerra en Irán también la utilizaron, de una manera que los europeos no lo harían. Esto es, en cierto sentido, un debate intraamericano”.

Faggioli también señaló una contradicción en el argumento de Vance. El vicepresidente sugirió que el Papa debería limitarse a la moral y mantenerse al margen de la política exterior. “Vance es uno de esos típicos católicos que piensan que la moral es solo moral sexual”, dijo el académico. “Cuando dijo que el Papa debería ceñirse solo a la moralidad, se refería a la moralidad sexual, como si la guerra no fuera una cuestión de moralidad. Por supuesto que lo es”.

El miércoles, el presidente del Comité de Doctrina de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), monseñor James Massa, obispo auxiliar de Brooklyn, emitió una declaración en apoyo de la postura papal. “Un principio constante de esa tradición milenaria es que una nación sólo puede legítimamente tomar la espada en defensa propia, una vez que han fracasado todos los esfuerzos de paz”, escribió Massa. “Cuando el Papa León XIV habla como pastor supremo de la Iglesia universal, no se limita a ofrecer opiniones sobre teología. Está predicando el Evangelio y ejerciendo su ministerio como Vicario de Cristo”.

Las encuestas, la bomba y Pulp Fiction en el Pentágono

El choque tiene también una dimensión política concreta. Trump obtuvo alrededor del 55% del voto católico en 2024. Sin embargo, una encuesta reciente de Shaw & Co Research y Beacon Research reveló que su aprobación entre católicos cayó al 48%, con un 52% de desaprobación. Una encuesta de Fox News mostró que los católicos estadounidenses se oponen a la acción militar en Irán por 10 puntos, y a la conducta general de Trump hacia ese país por 20. Un sondeo de NBC reveló que los votantes registrados ven al Papa más favorablemente que al presidente por un margen neto de 46 puntos.

El jueves, Trump dijo a los periodistas que no tiene “nada en contra del Papa” y que está “totalmente a favor del Evangelio”, mientras seguía afirmando que León XIV apoya el armamento nuclear iraní. También reiteró su preferencia por Louis, el hermano del Papa que vive en Florida. “Louis es todo MAGA. Él lo entiende, y Leo no”, dijo Trump. “Si yo no estuviera en la Casa Blanca, Leo no estaría en el Vaticano”, agregó.

La noche anterior, la Policía había rodeado la casa de New Lenox de otro hermano del Papa, John Prevost, tras una amenaza de bomba. Las unidades K9 de detección de explosivos no encontraron nada. La investigación sigue abierta.

Ese mismo jueves, desde Camerún, el Papa lanzó otra advertencia de alcance global. “Ay de aquellos que manipulan la religión y el mismo nombre de Dios para su propio beneficio militar, económico y político, arrastrando lo que es sagrado a la oscuridad y la suciedad”. La publicación en su cuenta oficial @Pontifex obtuvo 1,2 millones de visitas solo en inglés.

En el Pentágono, mientras tanto, el secretario de Defensa Pete Hegseth dirigió un servicio religioso y leyó lo que presentó como una oración usada por los equipos de Búsqueda y Rescate en Combate durante la operación en Irán. La llamó “CSAR 25:17”, en referencia al libro de Ezequiel. Lo que siguió fue casi literalmente el célebre monólogo del personaje Jules Winnfield, interpretado por Samuel L. Jackson en Pulp Fiction de Quentin Tarantino, pronunciado justo antes de un asesinato. El verdadero Ezequiel 25:17 es considerablemente más corto y menos específico. La versión de Tarantino fue adaptada de una película japonesa de artes marciales de 1973.

Una disputa sobre quién habla en nombre del cristianismo

Para Faggioli, el enfrentamiento entre la Casa Blanca y el Vaticano es síntoma de algo que lleva años gestándose. No es una disputa interna sobre una guerra. Es una contienda sobre qué significa el cristianismo y quién habla en su nombre.

“Estados Unidos siempre tuvo una comprensión religiosa de sí misma como nación, pero los presidentes fueron muy cautelosos para no parecer figuras mesiánicas, al menos en vida”, dijo Faggioli. “Trump ha explotado la creación de un vacío de secularización en Estados Unidos y ha llenado ese vacío con un cierto grado de mesianismo. Algunos cristianos estadounidenses están contentos con eso”. El académico fue más directo: “El trumpismo es una forma de mesianismo político. Él se ve a sí mismo —y mucha gente lo ve— como alguien con una misión divina: un Mesías político que entregará la salvación a Estados Unidos, a los estadounidenses, al cristianismo”.

La Administración, según los expertos, enfrenta además una dificultad táctica inédita en este choque particular. “Es muy difícil para ellos usar las tácticas habituales para deslegitimar al Papa, porque es estadounidense”, señaló Faggioli. “No pueden llamarle comunista, no pueden llamarle izquierdista radical, su historial como teólogo no apoya eso”.

Capizzi, por su parte, leyó el momento con más esperanza. “De hecho, lo considero una señal esperanzadora: que el Papa está tocando e impactando al presidente Trump, a pesar de lo que dice y de lo que publica”. Y agregó: “Esta conversación ha demostrado que la Iglesia conserva su autoridad moral. Los católicos y otros están llegando a ver que estas doctrinas tienen más de mil años, que hemos pensado en estas cuestiones durante mucho tiempo, y hay una gravedad moral detrás de estas afirmaciones”.

En cuanto a si el Papa León XIV se quedará callado, su hermano John Prevost lo anticipó antes de que todo esto comenzara, en una entrevista al New York Times el año pasado. “No creo que se quede callado mucho tiempo si tiene algo que decir”, dijo. “No se quedará de brazos cruzados”. La doctrina guerra justa, construida durante mil años para que nadie sea juez de su propia guerra, tiene ahora un nuevo escenario donde probarse.

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