Tenían 4, 10 y 11 años. Israel los mató en sus casas en Líbano

Niños muertos en Líbano: escombros de una vivienda destruida por ataque israelí en zona civil del sur del país.
Malak Meslmani, en el centro, madre de Jawad Younes, de 11 años, quien murió en un ataque aéreo israelí, llora junto al cuerpo de su hijo durante el cortejo fúnebre en la aldea de Saksakieh, al sur del Líbano, el sábado 28 de marzo de 2026. (Foto AP/Hussein Malla, Archivo)

BEIRUT, LÍBANO, 15 de abril de 2026.- Los niños muertos en Líbano no cayeron en una línea de combate. Murieron en sus casas, en patios donde jugaban al fútbol, en camas donde dormían. Sus historias ponen nombre y rostro a una cifra que crece en silencio: 168 menores fallecidos desde que se reanudó la guerra entre Israel y Hezbolá.

Jawad Younes tenía 11 años. Esa tarde llevó a su hermano de 4 años de vuelta a casa porque el pequeño se había cansado de jugar. Minutos después, un ataque israelí destruyó la casa del tío. La explosión derribó a los hermanos que estaban adentro. Su madre, Malak Meslmani, los levantó del suelo y gritó el nombre de Jawad.

No llegó a tiempo.

Jawad murió en el acto en Saksakieh, el 27 de marzo. También falleció uno de sus primos. El tío, ingeniero de diseño de interiores —la profesión que Jawad quería seguir— también fue asesinado. Meslmani lo considera un civil. Sin embargo, como muchas familias chiítas del sur del Líbano, eran partidarios de Hezbolá.

Niños muertos en Líbano: aplastados bajo sus propias casas

A las 2 de la madrugada del 12 de marzo, Taline Shehab dormía en el apartamento familiar de Aramoun, a 20 kilómetros al sur de Beirut. Habría cumplido 4 años el mes pasado. Varios misiles impactaron en el piso de arriba y el edificio se derrumbó. Taline y su padre, Mohamad —operador de drones y productor de video— murieron. Su madre quedó gravemente herida.

Aramoun era considerada una zona segura por su composición religiosa mixta. No obstante, ya había sido blanco de ataques durante la guerra de 2024. Por su parte, Ali Shehab, hermano de Mohamad, describió a Taline como una nena con “mucha personalidad”, siempre pegada a su padre.

El Dr. Ghassan Abu Sitta, director de una iniciativa médica en el Centro Médico de la Universidad Americana de Beirut, señaló que la mayoría de los casos que atiende son niños aplastados bajo los escombros de sus propias casas. No combatientes. No objetivos.

Zeinab al-Jabali tenía 10 años. Solía acompañar a su padre a todas partes: a la tienda, a las montañas del valle de Bekaa. El 5 de marzo, mientras su madre y sus hermanas se preparaban para el iftar en casa de una tía, un ataque aéreo destruyó el lugar. Zeinab murió. Las otras mujeres de la familia quedaron heridas.

Hassan al-Jabali, el padre, reconoció que su cuñado —también muerto en el ataque— tuvo vínculos pasados con Hezbolá. Asimismo, subrayó que en esa casa había niñas. Hoy duerme en el hospital donde atienden a su esposa, quien aún no sabe que su hija murió. Él teme que la noticia ponga en riesgo su recuperación.

El derecho internacional y el costo de la proporcionalidad

Israel ha atacado con frecuencia a presuntos militantes de Hezbolá en sus hogares, sin previo aviso y en zonas alejadas del frente. En respuesta a la Agencia AP, el ejército israelí no negó la muerte de niños en sus operaciones, pero afirmó que sus ataques se ajustan al derecho internacional bajo los principios de “distinción, proporcionalidad y precaución”.

No obstante, Charles Trumbull, profesor de derecho de la Universidad de Carolina del Sur especializado en conflictos armados, advirtió que evaluar la proporcionalidad es complejo sin conocer los objetivos exactos. Bajo esta premisa, agregó que el hecho de que un ataque no viole la ley no significa que no sea moralmente cuestionable, en especial cuando se sabe que hay niños presentes.

En este sentido, muchos libaneses culpan a Hezbolá por haber iniciado el ciclo actual al lanzar misiles el 2 de marzo. Para otros, la destrucción reforzó sus convicciones. “Ahora nos aferramos a la resistencia más que nunca”, dijo Meslmani.

“Lo más preciado se ha ido”

Meslmani visita la tumba de Jawad en un pequeño cementerio con vistas a la montaña. Desde allí escucha el rugido de los aviones de guerra. Ya no le generan miedo.

Los niños muertos en Líbano son 168 entre más de 2.100 víctimas fatales. Son una cifra en un comunicado, pero también son Jawad, Taline y Zeinab.

“Lo recuerdo todo”, dijo Meslmani. “Cómo comía, cómo jugaba, cómo se arreglaba su hermoso cabello. Lo más preciado, mi corazón, se ha ido. ¿Qué más pueden hacer?”

Con AP