Crisis en Irán: Ormuz, Rusia y el tablero global

París, Francia, 10 de enero de 2026.- Las protestas registradas en Irán en las últimas semanas han sido interpretadas por el analista geopolítico Pepe Escobar como algo más que un episodio de malestar social vinculado al deterioro económico. En su lectura, la inflación, la devaluación del rial y el impacto prolongado de las sanciones son factores reales y relevantes, pero no alcanzan por sí solos para explicar la magnitud del momento.

Para Escobar, lo que ocurre en Irán debe analizarse dentro de un contexto internacional más amplio, atravesado por una disputa en curso por la configuración del orden global. Desde esta perspectiva, la crisis no puede leerse de manera aislada ni reducida a variables exclusivamente internas.

Uno de los ejes centrales de su análisis es el momento en que se produce el estallido social. Las protestas coinciden con la ampliación de BRICS Plus, con el avance de los proyectos chinos de conectividad euroasiática asociados a la Iniciativa de la Franja y la Ruta —que articula corredores terrestres y rutas marítimas entre Asia, Oriente Medio, África y Europa— y con un escenario político en Estados Unidos que, según su interpretación, podría derivar en una política exterior más confrontativa.

Para Escobar, esta simultaneidad no es un dato menor y contribuye a explicar por qué la crisis iraní adquiere una dimensión que excede el plano estrictamente interno.

El analista subraya el peso estructural de Irán en el sistema internacional. Más allá de su situación doméstica, el país ocupa una posición clave por su rol energético, por su ubicación geográfica como puente entre Asia Central, el Golfo Pérsico y las rutas terrestres hacia el Mediterráneo, y por su integración estratégica con China y Rusia. En este esquema, Irán aparece como un componente difícilmente reemplazable dentro de los proyectos de conectividad euroasiática y del entramado multipolar en construcción.

El análisis incorpora también una dimensión histórica. Escobar recuerda que los momentos de mayor presión externa sobre Irán han coincidido con intentos de reforzar su autonomía política y económica. Menciona, entre otros antecedentes, la nacionalización del petróleo en la década de 1950 y el posterior derrocamiento de Mohammad Mossadegh, la Revolución Islámica de 1979 y la guerra Irán-Irak. En su interpretación, las tensiones actuales se inscriben en una continuidad histórica, aunque con instrumentos y condiciones diferentes.

Un punto central del planteo es el rol del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte sustancial del comercio energético mundial. Escobar sostiene que la estabilidad de Irán es un factor decisivo para el equilibrio estratégico del Golfo Pérsico.

Desde su perspectiva, una desestabilización profunda o un colapso del Estado iraní podría facilitar una mayor presencia militar estadounidense en la región, incluida la consolidación de bases navales y sistemas defensivos permanentes bajo el argumento de proteger las rutas energéticas. Este escenario, advierte, tendría consecuencias directas para los principales importadores de energía, en particular China, y también para la proyección estratégica de Rusia.

En relación con los actores internacionales, Escobar describe a Estados Unidos como una potencia que enfrenta límites crecientes y que podría ver en la crisis iraní una oportunidad para debilitar de manera simultánea a varios de sus competidores estratégicos. China aparece caracterizada como un actor cauteloso, consciente de la importancia de Irán para sus inversiones y su seguridad energética, pero reticente a verse arrastrada a una escalada militar prematura.

Rusia, por su parte, ocupa un lugar singular en este análisis. Moscú es presentada al mismo tiempo como aliada estratégica de Teherán y como competidora en determinados mercados energéticos, una dualidad que condiciona su margen de maniobra. A corto plazo, una reducción de la capacidad exportadora iraní podría beneficiar a Rusia en términos de precios y participación de mercado. Sin embargo, Escobar sostiene que los costos estratégicos de una desestabilización profunda de Irán superarían con creces cualquier ganancia inmediata.

Desde esta perspectiva, permitir el colapso de Irán implicaría aceptar un avance decisivo de la influencia estadounidense sobre el flanco sur de Eurasia y sobre las principales rutas energéticas que conectan Oriente Medio con Asia y Europa. Escobar interpreta que Moscú considera este escenario como una línea roja, ya que debilitaría su propia posición geopolítica y reforzaría la capacidad de presión de Estados Unidos sobre Rusia en otros frentes.

El analista subraya además que, para Moscú, la estabilidad iraní es un componente esencial de su estrategia de largo plazo orientada a limitar el cerco estratégico occidental. En este marco, la relación con Teherán no se reduce a una alianza coyuntural, sino que forma parte de un entramado más amplio que incluye coordinación política, energética y de seguridad con China.

Esta lógica explica, según Escobar, por qué Rusia observa la crisis iraní no como un episodio aislado, sino como un eslabón dentro de una confrontación más extensa por el equilibrio de poder en Eurasia.

Para reforzar este punto, Escobar recurre a analogías históricas y señala que las grandes potencias que permitieron la caída progresiva de sus aliados terminaron enfrentando amenazas directas sobre su propia seguridad. Desde esta lectura, la posición rusa frente a Irán estaría guiada menos por consideraciones tácticas inmediatas que por una visión estratégica de largo alcance.

Finalmente, el análisis plantea distintos escenarios posibles. Entre ellos se incluyen un colapso del sistema político iraní, una consolidación reforzada dentro del bloque euroasiático o una transformación interna que preserve la soberanía estratégica al tiempo que introduzca cambios estructurales. Ninguno de estos desenlaces es presentado como inevitable, pero todos son considerados plausibles en función de la evolución de las presiones internas y externas.

En conjunto, la lectura de Pepe Escobar propone entender la crisis iraní como un punto de inflexión dentro de una disputa más amplia por el control de las rutas energéticas, la conectividad euroasiática y la arquitectura del sistema internacional. Desde esta perspectiva, lo que ocurra en Irán tendrá implicancias que irán más allá de sus fronteras y podría influir de manera significativa en la configuración del orden global en las próximas décadas.

Pepe Escobar es un periodista y analista geopolítico brasileño, especializado en relaciones internacionales, energía y conflictos estratégicos. Con una extensa trayectoria como corresponsal internacional, ha trabajado para medios como Asia Times y ha cubierto procesos políticos y conflictos en Medio Oriente, Asia Central, Europa del Este y América Latina. Es autor de varios libros sobre geopolítica global y es conocido por sus análisis críticos de la política exterior de Estados Unidos y del sistema internacional contemporáneo, así como por su enfoque en la transición hacia un orden multipolar.