Pekín fijó el tono: una nueva era entre las dos potencias

Xi Jinping y Donald Trump caminan juntos en Zhongnanhai durante la cumbre donde Trump y Xi acuerdan estabilidad bilateral.
El presidente chino, Xi Jinping, y el presidente estadounidense, Donald Trump, interactúan con unos niños durante una ceremonia de bienvenida en Pekín (China). EFE/EPA/Maxim Shemetov.

PEKÍN, 15 de mayo de 2026.- La cumbre duró menos de 48 horas. Sin embargo, Trump y Xi acuerdan estabilidad como eje de la relación bilateral durante los próximos años, según el marco político presentado este viernes por la Cancillería china tras el cierre de la visita de Estado.

El concepto central tiene nombre propio: «relación de estabilidad estratégica constructiva China-EE. UU.». Pekín lo presentó como la principal conquista política del encuentro y lo proyecta, según sus propias palabras, para guiar los vínculos entre ambas potencias durante «los próximos tres años o más».

No se trata de una alianza. Tampoco de una ruptura. La fórmula descansa sobre cuatro pilares: cooperación como eje dominante, competencia «moderada», diferencias «controlables» y una paz duradera. En otras palabras, un intento de administrar la rivalidad sin escalarla.

Trump y Xi acuerdan estabilidad, pero los analistas advierten

Los especialistas recibieron el resultado con cierta cautela. El analista Bill Bishop señaló que la formulación permite a Pekín reconocer la competencia, pero al mismo tiempo establecer qué tipo de disputa considera tolerable. Por su parte, la economista Alicia García-Herrero describió la cumbre como una «pausa táctica» dentro de una «contienda estratégica» más profunda. Bajo esta premisa, las llamadas líneas rojas del encuentro no serían concesiones reales, sino advertencias mutuas.

La escenografía también habló. Ambos mandatarios pasearon entre árboles centenarios y rosales en Zhongnanhai antes de la reunión en formato reducido. Trump elogió las flores del complejo. Xi prometió enviarle semillas para la Rosaleda de la Casa Blanca. La sintonía personal, al menos en la superficie, fue evidente.

Comercio, Irán y los temas que quedaron en el aire

En materia comercial, el representante de Comercio estadounidense, Jamieson Greer, anticipó que Washington espera cerrar un acuerdo de compras agrícolas con China por «decenas de miles de millones de dólares» anuales durante los próximos tres años. También mencionó avances esperados en ventas de aviones Boeing y soja, y confirmó que las licencias chinas para exportar tierras raras volvieron a niveles aceptables, aunque con lentitud.

No obstante, uno de los temas más esperados quedó fuera de agenda. Greer confirmó que los semiconductores avanzados «no se trataron» en la reunión, pese a que Jensen Huang, titular de Nvidia, participó brevemente ante ambos líderes en el encuentro con empresarios. Las expectativas sobre un posible acceso chino al chip H200 de la compañía no se confirmaron.

Irán sí apareció en escena. Trump afirmó que Xi le ofreció «ayuda» para reabrir el estrecho de Ormuz. Pekín, en tanto, pidió retomar «lo antes posible» las rutas de navegación y defendió un arreglo sobre el programa nuclear iraní que contemple las posiciones de todas las partes. Ambos mandatarios coincidieron en que Irán no debe tener «nunca» armas nucleares.

Sobre Taiwán, el secretario de Estado Marco Rubio fue tajante: la política de Washington «permanece inalterada». Xi planteó el tema, como suele hacerlo, pero Estados Unidos dejó clara su posición. Las semanas previas habían generado especulaciones sobre posibles concesiones en materia de venta de armas a Taipéi. No las hubo.

Así cerró una visita breve, cargada de simbolismo y con resultados concretos aún difusos. Trump la calificó de «muy exitosa». Pekín presentó su propio relato. Entre ambos, Trump y Xi acuerdan estabilidad como punto de partida, aunque el terreno que viene todavía está por definirse.