
BUENOS AIRES, 27 de agosto de 2026.- La cadena porcina argentina atraviesa una situación paradójica: mientras registra récords de faena, producción y consumo, los pequeños y medianos productores enfrentan una rentabilidad cada vez más ajustada y una creciente presión por el ingreso de carne importada.
El primer semestre de 2026 se ubicó entre los mejores de los últimos 25 años. Sin embargo, el crecimiento de la actividad convive con una fuerte concentración del sector y con un aumento de las importaciones, principalmente provenientes de Brasil.
Récord de producción y consumo de carne de cerdo
Durante 2025, la producción porcina superó las 800.000 toneladas y la faena alcanzó más de 8,5 millones de cabezas, según registros de la Secretaría de Agricultura.
El consumo también marcó un máximo histórico, con casi 19 kilos por habitante al año. El crecimiento se produjo en un contexto de retracción del consumo de carne vacuna.
La tendencia continuó durante los primeros seis meses de 2026. En ese período, la producción porcina aumentó 11,5% respecto del mismo período del año anterior.
Además, entre enero y junio el precio del kilo de cerdo en pie subió 13,2%, mientras que el costo estimado de producción prácticamente no registró modificaciones.
Menos productores y mayor concentración
El crecimiento de la producción no se tradujo en una mejora generalizada para todos los integrantes de la cadena.
Según un relevamiento de la consultora JLU, desde 2018 el sector perdió al 60% de sus productores.
El informe resume la situación con una definición contundente: “Hay cada vez más cerdos, pero en menos manos”.
Los pequeños y medianos productores deben afrontar mayores dificultades para sostener la actividad. Entre los principales problemas aparecen la competencia de la carne importada, el aumento de los costos y la pérdida de rentabilidad.
La situación tiene especial relevancia en la provincia de Buenos Aires, donde se concentra casi la mitad de la faena porcina nacional.
Las importaciones desde Brasil vuelven a crecer
La presión sobre los productores locales aumentó durante los últimos meses por el crecimiento de las importaciones.
Con los datos correspondientes a julio, el ingreso de carne porcina alcanzó casi 7.000 toneladas. Se trata del mayor registro de importaciones para un mes durante el siglo XXI.
El volumen representa un aumento del 70% interanual y del 1.600% respecto de 2024.
Brasil aparece como el principal origen de la carne que ingresa al mercado argentino, situación que genera preocupación entre los productores nacionales.
La Mesa Porcina bonaerense analizó el impacto
La problemática fue analizada durante la última reunión de la Mesa Porcina bonaerense, encabezada por el ministro de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez.
Del encuentro participaron representantes de cámaras de productores, la Federación Agraria Argentina, Carbap, la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, Senasa, el Ministerio de Salud y Banco Provincia.
Los representantes del sector plantearon su preocupación por el aumento de las importaciones, las condiciones sanitarias de los productos que ingresan al país y el uso de ractopamina en algunos sistemas productivos de origen.
Rodríguez sostuvo que la discusión no debe centrarse solamente en el volumen de carne importada, sino también en las condiciones bajo las cuales esos productos llegan al mercado argentino.
El ministro remarcó que los productores nacionales necesitan condiciones que les permitan producir, invertir y crecer, además de garantías sanitarias y reglas de competencia adecuadas.
La discusión por la ractopamina
Otro de los puntos analizados durante la reunión fue el ingreso de carne proveniente de sistemas productivos que utilizan ractopamina.
Se trata de un beta agonista utilizado para mejorar el rendimiento productivo de los animales. Su utilización genera cuestionamientos en distintos mercados internacionales.
En Argentina, la sustancia no está expresamente prohibida. Sin embargo, su comercialización quedó condicionada a la aprobación de un programa de trazabilidad que nunca llegó a instrumentarse.
Por ese motivo, tampoco existen productos veterinarios registrados que permitan utilizarla en la producción porcina local.
Financiamiento y apoyo a los pequeños productores
La Mesa Porcina también analizó alternativas para mejorar las condiciones de los productores de menor escala, considerados uno de los eslabones más afectados por la situación actual.
Entre las opciones evaluadas aparecen distintas herramientas de financiamiento y medidas destinadas a facilitar la continuidad de los establecimientos.
También se repasaron acciones para prevenir y controlar la triquinosis, luego de los casos detectados recientemente en granjas bonaerenses.
La agenda incluyó además la formalización de establecimientos de menor escala y medidas de acompañamiento para escuelas agrarias vinculadas con la producción porcina.
El desafío de sostener la producción porcina
La cadena porcina enfrenta así una contradicción: produce más, faena más animales y aumenta el consumo, pero al mismo tiempo pierde productores y concentra la actividad.
Para el Gobierno bonaerense, el desafío consiste en aprovechar la capacidad productiva existente para generar más productores, más producción y mejores condiciones de competencia.
“Hay una enorme capacidad productiva y una cadena porcina que genera trabajo y agrega valor”, sostuvo Rodríguez, quien planteó la necesidad de continuar trabajando junto al sector para sostener su desarrollo.
Con información de Bichos de Campo
