
WASHINGTON, 10 de junio de 2026.- La madrugada del miércoles cambió el mapa del conflicto. La escalada militar en Oriente Medio alcanzó un nuevo punto crítico cuando aviones de combate estadounidenses atacaron posiciones iraníes y Teherán respondió con misiles contra tres países aliados de Washington en la región.
La escalada militar en Oriente Medio sacude a los aliados de EE. UU.
El Comando Central del ejército estadounidense confirmó que sus aeronaves atacaron “sistemas de defensa aérea, estaciones de control terrestre y emplazamientos de radares de vigilancia” en territorio iraní. Los objetivos se ubicaron en los alrededores de Bandar Abbas y la isla de Qeshm. Irán reconoció los ataques pero no informó sobre el alcance de los daños.
La respuesta de Teherán llegó horas después. Misiles iraníes impactaron —o fueron interceptados— en Bahréin, Kuwait y Jordania, tres países que albergan tropas de Estados Unidos. Jordania afirmó haber derribado cinco misiles dirigidos contra la base aérea de Muwaffaq Salti, donde operan cazas F-35 estadounidenses. Tanto Bahréin como Kuwait indicaron haber neutralizado los ataques entrantes sin dar mayores detalles.
No hubo heridos reportados en ninguno de los tres países.
El presidente Donald Trump no tardó en reaccionar. En su red Truth Social, advirtió que Teherán “pagaría el precio” por el estancamiento de las negociaciones de paz. La advertencia resultó llamativa: apenas el lunes, Trump había sugerido que un acuerdo para poner fin al conflicto podría alcanzarse en cuestión de días.
El estrecho de Ormuz, la carta más fuerte de Irán
Desde el inicio de la guerra el 28 de febrero —cuando Estados Unidos e Israel lanzaron los primeros ataques contra Irán— el conflicto alteró profundamente la economía mundial. Los precios de la energía se dispararon en todo el planeta y encarecieron productos básicos, incluyendo alimentos. El petróleo crudo Brent superó los 91 dólares por barril el miércoles, un incremento de más del 25% respecto del inicio de las hostilidades.
En ese contexto, Irán sostiene una ventaja estratégica concreta: su capacidad para cerrar el estrecho de Ormuz, paso obligado para una porción crucial del petróleo y el gas natural que consume el mundo. Esa amenaza latente le otorga un peso negociador significativo, incluso después de semanas de bombardeos intensos.
Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, condenó los ataques estadounidenses como una violación de la soberanía de su país. En conversaciones con sus pares de Turquía y Arabia Saudí, enfatizó el derecho a la legítima defensa. El portavoz de la cancillería iraní, Esmail Baghaei, fue más directo aún: ante los nuevos ataques, Irán revisará su postura sobre las negociaciones de paz.
Netanyahu endurece las condiciones y complica cualquier salida
No obstante, el principal obstáculo para una salida negociada no es solo la tensión entre Washington y Teherán. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, publicó en X casi en paralelo con Trump, reafirmando que Irán nunca podrá poseer un arma nuclear y defendiendo las decisiones militares de Israel. Sus objetivos declarados van más lejos: el colapso del gobierno teocrático iraní, la eliminación de su programa nuclear y la destrucción de Hezbolá en el Líbano.
Bajo esta premisa, el ejército israelí anunció el miércoles una serie de ataques en el sur del Líbano contra infraestructura del grupo militante. Un bombardeo sobre una aldea al este de Tiro dejó al menos seis muertos, según informó la agencia estatal de noticias libanesa.
Asimismo, la jornada registró un episodio adicional de tensión en el mar. Un helicóptero de ataque del ejército estadounidense se estrelló cerca del estrecho de Ormuz tras colisionar con un dron iraní. Trump confirmó que los dos tripulantes resultaron ilesos luego de ser rescatados. No está claro si la colisión fue intencional.
En el Golfo de Adén, guardias a bordo de un buque de carga repelieron el ataque de hombres armados que llegaron en una pequeña embarcación. Ningún grupo reclamó la autoría de inmediato. Los rebeldes hutíes de Yemen —respaldados por Irán— habían anunciado días antes la reanudación de sus ataques contra buques vinculados a Israel en el Mar Rojo.
Las negociaciones entre Washington y Teherán chocan contra diferencias de fondo. Estados Unidos exige que Irán entregue sus reservas de uranio altamente enriquecido, a un paso técnico del nivel necesario para fabricar armas nucleares. Irán rechaza esa condición y demanda el levantamiento de las sanciones y la liberación de activos congelados antes de firmar cualquier acuerdo. Trump, a su vez, rechaza esa secuencia.
En ese tablero, la escalada militar en Oriente Medio no muestra señales de desaceleración. Dos potencias con objetivos incompatibles, un aliado regional con sus propias ambiciones y una economía global que observa el precio del barril con creciente preocupación.
Con AP
