
BUENOS AIRES, 2 de junio de 2026.- Había salido a buscar a su hija de 14 años a una clase de inglés. No volvió. El comisario asesinado en La Matanza esta semana fue Diego Fernando Ponce, de 46 años. Así, una rutina cotidiana terminó en tragedia cuando cuatro motochorros lo sorprendieron en González Catán e intentaron robarle la camioneta.
Comisario asesinado en La Matanza: qué pasó esa noche
Era lunes por la noche y Ponce cumplía una rutina de todos los días. Al llegar a la esquina de la calle Apipé, cuatro delincuentes a bordo de dos motos lo interceptaron. Querían la Ford EcoSport. Él dio la voz de alto, se identificó como policía y sacó el arma reglamentaria. Sin embargo, los atacantes no frenaron. Le dispararon al menos cuatro veces.
Dos impactos lo alcanzaron en el tórax, uno en la espalda y otro en la zona del coxis. Además, la hipótesis inicial indica que dispararon desde dos ángulos distintos, con dos armas diferentes. Aun así, Ponce alcanzó a responder el fuego e hirió a al menos uno de los agresores antes de caer.
Dos vecinos escucharon las detonaciones y los gritos. De inmediato salieron a la calle y lo encontraron tirado, sangrando. “Le pusimos un trapo porque tenía un disparo en el pecho. Pedía ayuda, no se quería morir”, contó Juan, uno de ellos, al canal TN. En consecuencia, no esperaron la ambulancia: lo cargaron en la propia camioneta y lo llevaron a la UPA n.º 29. Ingresó sin signos vitales y los médicos no pudieron reanimarlo.
El detenido: 19 años, tobillera electrónica y arresto domiciliario incumplido
Por su parte, la investigación quedó a cargo del fiscal Adrián Arribas, de la Fiscalía de Homicidios del Departamento Judicial de La Matanza. En paralelo, la policía desplegó un operativo cerrojo y los peritos trabajaron en la escena.
Pocas horas después, un joven de 19 años llegó al Hospital General de Agudos Dr. Diego Paroissien, en Isidro Casanova, con una herida de bala. Dijo que lo habían baleado en la puerta de su casa. No obstante, la historia no cerró.
En este sentido, las cámaras de seguridad de un vecino captaron la fuga de los atacantes. La vestimenta del joven coincidía con la de uno de los ladrones. Asimismo, el proyectil que lo hirió resultó compatible con el arma de Ponce y su relato presentaba inconsistencias. Para colmo, el adolescente llevaba una tobillera electrónica por arresto domiciliario, medida que incumplió esa noche al salir a robar.
Bajo esta premisa, los otros tres ladrones ya fueron identificados y permanecen prófugos. El caso del comisario asesinado en La Matanza sigue abierto mientras la justicia avanza sobre el resto de la banda.
