
de la frontera con Líbano, en medio de la escalada entre Hezbolá, respaldado por Irán, e Israel, y en el contexto del conflicto
entre Estados Unidos e Israel con Irán, en el norte de Israel, 20 de marzo de 2026. REUTERS/Tyrone Siu.
DUBAI/WASHINGTON, 21 de marzo de 2026.- Los ataques de Israel e Irán alcanzaron niveles de hostilidad sin precedentes este sábado tras una serie de bombardeos recíprocos que sacudieron Teherán, Isfahán y el Líbano. En este sentido, el presidente Donald Trump elevó la temperatura diplomática al calificar de “cobardes” a los aliados de la OTAN por su falta de compromiso para reabrir el estrecho de Ormuz. La Casa Blanca no esperó el consenso internacional y ordenó el despliegue inmediato de 2.500 infantes de marina hacia la zona de conflicto.
La ofensiva israelí impactó con dureza en los suburbios de Beirut, apuntando directamente contra Hezbolá, en lo que representa la escala más sangrienta desde el inicio de las hostilidades. No obstante, la respuesta de Teherán demostró una capacidad logística preocupante: el lanzamiento de misiles balísticos contra la base angloestadounidense de Diego García. Aunque los proyectiles no dieron en el blanco, la señal enviada por el régimen es un claro desafío al despliegue militar de Occidente.
El impacto político de los ataques de Israel e Irán
Bajo esta premisa, el mandatario estadounidense arremetió contra las potencias europeas, que se muestran reticentes a participar en una operación militar en el Golfo sin un cese al fuego previo. Por su parte, el canciller alemán Friedrich Merz intentará este fin de semana calmar las aguas en una comunicación directa con Trump, mientras Francia y Alemania sostienen que la prioridad debe ser detener los combates. Asimismo, la crisis energética ya provocó un aumento del 50% en los precios del petróleo, amenazando con una recesión económica global.
La infraestructura energética de la región está bajo fuego constante, lo que ha llevado a aerolíneas como United Airlines a recortar sus rutas ante el encarecimiento del combustible. En este contexto, la Casa Blanca implementó una medida excepcional: levantar las sanciones al petróleo iraní por 30 días para inundar el mercado con 140 millones de barriles. Esta decisión busca frenar la escalada de precios, aunque el estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado para el tráfico marítimo comercial.
Incertidumbre por el liderazgo y los bombardeos
Un factor determinante en esta crisis es la desaparición pública de Mojtaba Khamenei. El sucesor del ayatolá fallecido no ha sido visto desde el inicio de la ofensiva israelí, lo que generó suspicacias en el gobierno de Benjamin Netanyahu. “No estoy seguro de quién gobierna Irán en este momento. Mojtaba no se deja ver”, declaró el primer ministro israelí, alimentando los rumores sobre un posible vacío de poder en el régimen persa durante estas horas críticas de los ataques de Israel e Irán.
En este sentido, el arribo del buque de asalto anfibio Boxer y las tropas de infantería marca una presencia terrestre que la mayoría de los estadounidenses rechaza. Según encuestas recientes, el 66% de la población teme que Trump ordene una invasión a gran escala, a pesar de que el presidente sostiene que no revelará sus planes estratégicos. Fuentes de inteligencia indican que los próximos objetivos podrían ser la costa iraní y el centro de exportación de crudo en la isla de Kharg, lo que sellaría el destino de esta situación.
Con Reuters
