
MADRID, ESPAÑA, 20 de septiembre de 2026.- La IA agéntica avanza más rápido que su regulación, y así lo remarcan varios científicos consultados por la agencia EFE. Durante los últimos días circuló como un mantra la frase «la inteligencia artificial se nos va de las manos». Sin embargo, los expertos plantean una pregunta más precisa: ¿de qué manos, exactamente, se escapa la tecnología?
¿Qué es la IA agéntica y en qué se diferencia de la generativa?
El debate no gira en torno a la IA generativa, la que redacta textos, genera imágenes o responde preguntas, como ChatGPT. Se refiere, en cambio, a la IA agéntica, un tipo de sistema con mayor autonomía y menor supervisión humana. Así lo explica Alicia Ortiz de Zárate, investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid. Estos agentes tienen, en sus palabras, «mucha más capacidad, complejidad y autonomía de actuación».
Cualquier persona ya interactuó con agentes de IA sin saberlo: bancos, aseguradoras y tiendas en línea los utilizan a diario. Estos programas actúan, o se preparan para actuar, en tareas sensibles como pagos o seguridad. Por ejemplo, si alguien le pide a un agente que organice un viaje, el sistema puede tomar el control de varias gestiones. Revisa el calendario, compara vuelos en tiempo real, contacta a la aerolínea y, con autorización, paga el pasaje.
Qué está en juego: los riesgos para infraestructuras críticas
Los riesgos potenciales de la IA agéntica van mucho más allá de un viaje mal reservado, y por eso genera tanta tensión geopolítica. Nuria Oliver, directora de la fundación ELLIS Alicante, advierte que está en juego la seguridad de infraestructuras esenciales como hospitales, energía y defensa. Según explica, los sistemas de ciberseguridad actuales todavía no están preparados para ataques tan sofisticados.
Oliver plantea un escenario concreto: imaginemos que un agente de IA recibe una tarea y concluye que necesita mucha electricidad para ejecutarla. Si el sistema decidiera apropiarse del control eléctrico, el impacto superaría por completo el de un apagón convencional. España ya vivió un corte de luz de varias horas, pero un incidente de este tipo sería mucho mayor.
Ortiz de Zárate resume el problema así: los peligros son similares a los de la IA tradicional, aunque con mayor alcance y complejidad. Cuanto más estratégico y vulnerable sea el sector donde opere un agente, mayor será el riesgo. Además, cuanto más autónomos sean estos sistemas, más difícil resultará rastrear responsabilidades cuando algo falle.
Por eso, Oliver cuestiona el propio mantra inicial: cuando escucha que la IA «se nos va de las manos», se pregunta de qué manos habla exactamente la gente. A su juicio, la responsabilidad no recae en la sociedad, sino en las empresas que diseñan estos sistemas.
No es ralentizar la IA, es reorientarla
Ramón López de Mántaras, fundador del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, cuestiona otro mantra corporativo: decir que un sistema «se rebela» cuando falla. Para el investigador, esa expresión traslada la responsabilidad de la empresa que diseñó y configuró el agente hacia una supuesta voluntad propia de la máquina.
Tampoco convence al investigador la idea de «ralentizar» el desarrollo de estos sistemas. En su lugar, propone reorientar la IA hacia productos específicos, transparentes, robustos y controlables, y pensados para el bien común. Considera, además, que la idea de una IA general resulta directamente contraproducente.
Los científicos coinciden en que los recientes anuncios corporativos de ralentización no son nuevos y tampoco quedan claros en su alcance. Asimismo, sostienen que la implantación de estos sistemas no resulta inevitable, aunque sí lo es el elevado coste ambiental de los centros de datos que los sostienen.
Gobernanza internacional: quién responde por la IA agéntica
Senén Barro, director del Centro Singular de Investigación en Tecnoloxías Intelixentes de la Universidade de Santiago de Compostela, subraya la importancia de fijar reglas de evaluación y delimitar responsabilidades con claridad. Europa ya cuenta con un reglamento de inteligencia artificial, aunque todavía está por verse si logra adaptarse a estos nuevos agentes.
Por su parte, López de Mántaras insiste en que también hace falta una gobernanza internacional que defina con precisión quién responde por qué. No obstante, advierte que ese acuerdo global solo parece posible si China y Estados Unidos logran entenderse, algo que en su opinión solo ocurrirá tras un incidente grave o bajo una fuerte presión social e internacional.
En consecuencia, el desafío de la IA agéntica no es solo tecnológico. También exige, según los especialistas consultados, una respuesta política y social a la altura de su rápida expansión.
Con información de EFE
