
BUENOS AIRES, 2 de agosto de 2026.- El economista Diego Giacomini advirtió que la inestabilidad cambiaria en 2027 podría beneficiar políticamente a Javier Milei y a Axel Kicillof. Lo dijo en diálogo con Jorge Fontevecchia, en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil. El economista vinculó ese escenario con la estrategia económica del ministro Luis Caputo. Lo acusó de trasladar hacia el futuro, mediante endeudamiento, la suba del dólar, la inflación y el gasto público.
Giacomini es economista y docente de orientación liberal y austríaca. Fue uno de los socios intelectuales más cercanos de Milei antes de su llegada a la presidencia. Durante años, ambos compartieron la autoría de libros, artículos académicos y participaciones televisivas sobre la escuela austríaca y la crítica al Banco Central. Dirige, además, la consultora Economía & Ética. También tiene una extensa trayectoria académica en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Belgrano.
Cómo Milei traslada el gasto público al futuro, según Giacomini
En Modo Fontevecchia, el economista explicó dos indicadores que miden la liquidez total de la economía argentina. Ambos vienen creciendo, desde hace más de un año, por encima de la inflación y del dólar. Esa liquidez total agrupa tres cosas. Incluye la deuda de corto plazo en pesos, la deuda de mediano plazo en pesos y la última toma de deuda que el Gobierno usó para sanear el balance del Banco Central. Con esa maniobra, trasladó ese pasivo al Tesoro.
Ese crecimiento por encima de la inflación y el dólar, según su lectura, muestra que el Gobierno posterga la suba cambiaria. También posterga la aceleración inflacionaria y la encapsula en más deuda. La deuda y la liquidez, explicó, crecen a un ritmo muy superior al de la economía. Además, pagan una tasa de interés más alta que ese crecimiento.
Por eso, argumentó en la entrevista, llegará un momento en que los agentes económicos anticiparán que la deuda es difícil de pagar. Ese anticipo los llevará a refugiarse en el dólar. Eso subirá el tipo de cambio y licuará los pasivos en pesos. Luego, según su explicación, la suba cambiaria derivará en una aceleración de la inflación. Ese mecanismo, sostuvo, es la raíz de la posible inestabilidad cambiaria en 2027.
También detalló el circuito de emisión. El Gobierno emite pesos para comprar dólares y reforzar las reservas, pero de cada 100 dólares adquiridos retiene apenas 60. El resto se destina al pago de deuda. Los pesos emitidos, explicó, se retiran luego mediante más deuda del Tesoro. Los intereses de esa deuda se capitalizan y constituyen, en los hechos, gasto público oculto.
Consultado por el ejemplo de China, un país con alto superávit comercial, el economista aclaró que la comparación no es tan directa. El superávit comercial argentino, dijo, es de los privados, porque son las empresas las que exportan e importan, salvo el caso de YPF. El efecto monetario aparece recién cuando el Gobierno sale a comprar esos dólares para sumarlos a las reservas.
Ahí surge la pregunta de cómo construye esas reservas si no las compra directamente. Según explicó, todo gobierno del mundo emite su propia moneda para adquirir los dólares que necesita, y Argentina no es la excepción. La gran diferencia, sostuvo, es que en el resto del mundo esa moneda doméstica la quiere el público. La gente ahorra en la moneda que emite su propio Banco Central. En la Argentina, en cambio, eso no ocurre.
El peso del FMI y la carrera por las reservas
El economista remarcó que Argentina encabeza el ranking de deudores del FMI. Según sus cálculos, el país le debe al organismo más de lo que suman, juntos, los deudores del puesto dos al diez. También le debe más que todos los que están del undécimo puesto en adelante.
Recordó, además, que Argentina firmó más de veinte acuerdos con el FMI a lo largo de su historia. Todos, sostuvo, fracasaron. Atribuyó ese resultado a que los técnicos del organismo no comprenderían esa misma diferencia que él ya había marcado. En la Argentina, a diferencia del resto del mundo, la población no ahorra en pesos, y eso alimenta el riesgo de inestabilidad cambiaria en 2027 cada vez que el FMI diseña un nuevo programa.
En ese contexto, Giacomini mencionó a la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva. La responsabilizó de haber presionado a Milei para acumular reservas. Esto, pese a que el propio presidente sostenía inicialmente que comprar reservas era inflacionario. El economista explicó, asimismo, por qué el organismo observa de cerca a YPF y a Vaca Muerta, la principal fuente de dólares del sector energético. A diferencia del campo, atomizado en muchos productores privados, el sector energético tiene en YPF a un único exportador de referencia. Eso le da al FMI un actor concreto para monitorear si va a poder cobrar.
El economista fue también crítico del programa que expuso Caputo semanas atrás. Según explicó, ese programa muestra las mismas reservas para cubrir dos frentes a la vez. Por un lado, una eventual corrida hacia el dólar; por otro, el pago de la deuda externa. Por eso, sostuvo, el esquema carece de herramientas propias si ambas necesidades aparecen juntas. Eso suele ocurrir en todas las elecciones argentinas y alimenta, en definitiva, el riesgo de inestabilidad cambiaria en 2027.
Una posible reestructuración de la deuda entre 2028 y 2032
Consultado por Fontevecchia, el economista proyectó una fuerte concentración de vencimientos de deuda entre 2028 y 2032. Atribuyó ese cuadro a la reestructuración que impulsó el exministro Martín Guzmán, que redondeó un valor presente de 50 dólares para los acreedores. Esa reestructuración, dijo, trasladó los pagos hacia los gobiernos siguientes a la presidencia de Alberto Fernández.
Aclaró, sin embargo, que el origen del problema no está en Guzmán. Según él, el pecado original es de Mauricio Macri. En 2018, Macri tomó deuda con el FMI por 57 mil millones de dólares, luego reducida a unos 42 mil millones. Esa deuda debía cancelarse en 2023. Argentina no pagó capital y, en cambio, la amplió mediante un nuevo canje con el FMI.
Giacomini sostuvo que la reestructuración de la deuda externa no depende de si gana Kicillof o cualquier otro candidato en 2027. Según explicó, la pared de vencimientos que enfrenta el Gobierno nacional —sumando compromisos con el FMI y con los bonistas— crece de forma exponencial. Esa pared, dijo, es consecuencia directa de la reestructuración que impulsó Guzmán. Por eso, cualquier presidente que asuma en 2027 va a tener que encararla, más allá de su signo político. Eso ocurrirá en paralelo al escenario de inestabilidad cambiaria en 2027 que el propio economista proyecta.
¿Por qué Milei y Kicillof se sentirían cómodos con la inestabilidad cambiaria en 2027?
El economista planteó que Milei y Kicillof se perfilan como los principales candidatos de cara a 2027. Según su análisis, ambos economistas centrarán la disputa electoral en el terreno macroeconómico. Explicó, además, por qué las elecciones argentinas suelen traer inestabilidad cambiaria. Cae la demanda de dinero y sube la demanda en el mercado cambiario. En consecuencia, se acelera el tipo de cambio y, después, la inflación. Muy probablemente, dijo, la de 2027 no sea la excepción.
Según Giacomini, cada candidato sacaría un rédito distinto de esa misma inestabilidad. Milei la usaría como argumento de campaña: la presentaría como el precio necesario para no volver a un modelo económico opuesto al suyo. Kicillof apuntaría en la dirección contraria: señalaría que, después de cuatro años de gestión, el propio Gobierno no logró controlar el tipo de cambio, contener la inflación ni garantizar un crecimiento sostenido.
En el medio de esa disputa, advirtió, quedará “el pobre sector privado argentino”. Ese sector, dijo, deberá tomar decisiones productivas y comerciales en el escenario de inestabilidad cambiaria en 2027 que él mismo describió.
El economista contó, además, que conoce a Milei desde hace más de veinte años. También conoce a Kicillof desde hace más de cuarenta años, ya que fueron compañeros de colegio y de facultad. Por eso, explicó, aceptó la invitación de Kicillof a presentar su libro pese a sus diferencias ideológicas. Delante de Kicillof, contó, le advirtió que un gobierno de keynesianismo explícito, como el que describe la Teoría General de 1936, estaba condenado a fracasar. Kicillof lo avaló igual y lo dejó hablar sin condiciones.
Buscaba mostrar que se puede discutir con dureza sin apelar a la violencia política. La microeconomía, argumentó, es lo que realmente importa: son contratos entre privados, de comercio, de producción y de trabajo. Cuanta más violencia baje desde la política hacia la economía, sostuvo, menos contratos de ese tipo se van a firmar. Y peor va a funcionar el país.
Sobre el futuro de Milei, el economista fue tajante: dijo que, políticamente, le convendría no ser reelecto. Explicó el razonamiento así. Si Milei pierde la elección y la crisis estalla después, va a poder criticar al que gane, tal como cualquier opositor. En cambio, si Milei repite en el cargo y la crisis estalla en su segundo mandato, no va a tener a quién echarle la culpa: el responsable de la herencia sería él mismo. Por eso, concluyó con ironía, la lógica es ‘transitiva’: a Milei le conviene más perder que ganar.
El economista cerró la entrevista con una definición sobre el ministro de Economía. Para él, Caputo actúa como quien esconde una infección para que emerja con más fuerza en el futuro.
Con información de Perfil
