
BUENOS AIRES, 25 de junio de 2026.- El Gobierno sumó otro triunfo legislativo clave. Tras la media sanción que obtuvo este miércoles en Diputados, los beneficiarios del Súper RIGI empezaron a tomar forma concreta: minería, energías renovables y tecnología encabezan la lista de sectores favorecidos por el nuevo régimen de inversiones que impulsa Javier Milei.
La aprobación llegó apenas después de que la Cámara baja convirtiera en ley el acuerdo para cancelar la deuda con los fondos buitre. En este sentido, el oficialismo aprovechó el envión y reunió los votos necesarios gracias al respaldo de los bloques aliados. Ahora, el proyecto deberá pasar por el Senado para convertirse en ley.
¿Quiénes son los beneficiarios del Súper RIGI?
El nuevo régimen busca atraer inversiones superiores a los 1.000 millones de dólares en industrias consideradas de frontera tecnológica. Por su parte, el texto contempla un esquema de estabilidad regulatoria por 30 años, además de beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios.
Entre las actividades alcanzadas figuran la inteligencia artificial, la fabricación de semiconductores, las baterías de litio, el hidrógeno verde, los vehículos eléctricos, los paneles solares, las turbinas eólicas y los reactores nucleares modulares. Para destrabar el apoyo de los bloques dialoguistas, el oficialismo incorporó cambios al texto original durante el debate en comisiones.
Entre las modificaciones, se estableció que los proyectos deberán presentar un plan de desarrollo de proveedores nacionales, con un piso del 20% de compras locales cuando exista oferta competitiva. Asimismo, se sumaron incentivos para investigación y desarrollo, mayores exigencias ambientales y un registro público de los proyectos adheridos.
Minería y energía, primeros en la lista
Las empresas mineras se perfilan como uno de los sectores más favorecidos. El beneficio apunta especialmente a quienes industrialicen minerales críticos como litio, uranio y tierras raras. La clave del esquema es que no premia solo la extracción, sino también el procesamiento y el agregado de valor a esos recursos.
El sector energético también ocupa un lugar central en este nuevo mapa de inversiones. El régimen alcanza inversiones en hidrógeno verde, fabricación de paneles solares y producción de turbinas eólicas. A esto se suma la industria automotriz eléctrica, que incluye la fabricación de vehículos eléctricos, baterías de litio y componentes para movilidad sustentable.
Tecnología y biotecnología, la apuesta más ambiciosa
Uno de los cambios más relevantes respecto del RIGI tradicional es la incorporación del sector tecnológico. El nuevo esquema contempla inteligencia artificial, semiconductores, centros de procesamiento de datos y hardware de alta tecnología. Bajo esta premisa, el objetivo oficial es captar inversiones que hoy suelen radicarse en Estados Unidos, Europa o Asia.
La biotecnología completa el cuadro de sectores estratégicos. El régimen contempla proyectos de investigación genética, desarrollo farmacéutico, bioeconomía, agricultura de precisión y nuevos materiales. La industria nuclear, con foco en reactores pequeños y medianos (SMR), redondea la lista de apuestas tecnológicas del Gobierno.
Las pymes, fuera del nuevo régimen
No todos los sectores productivos accederán a estos beneficios. El esquema está diseñado exclusivamente para grandes inversiones, por lo que las pymes y los proyectos de menor escala prácticamente quedan afuera. Tampoco alcanza a industrias tradicionales como el comercio, la construcción, los alimentos, los textiles o los servicios convencionales.
No obstante, el Gobierno apuesta a que el régimen funcione como un imán para multinacionales de sectores estratégicos. Entre los incentivos previstos figuran exenciones impositivas, beneficios aduaneros para importar bienes de capital, mayor disponibilidad de divisas y facilidades para girar utilidades al exterior.
Una oposición que cuestiona el alcance
No todos celebraron la media sanción. La oposición cuestionó que el régimen concentre beneficios en grandes corporaciones y genere un tratamiento diferencial respecto del resto del entramado productivo. Durante el debate, varios legisladores advirtieron sobre el impacto fiscal de las exenciones y el riesgo de profundizar las asimetrías con las pymes.
Pese a las críticas, el oficialismo logró imponer su agenda económica una vez más. Con la media sanción ya en el bolsillo, el Gobierno apunta ahora al Senado, donde buscará repetir la misma estrategia de negociación con los bloques aliados para que los beneficiarios del Súper RIGI dejen de ser un proyecto y se conviertan en una realidad legal.
