El brote de ébola en RDC se agrava por el conflicto y los recortes de fondos

Profesionales de Médicos Sin Fronteras atienden a pacientes durante el brote de ébola en RDC, en un centro de tratamiento improvisado en el este del país.
Sanitarios en un centro de tratamiento de ébola en Goma, capital de Kivu del Norte. EFE/ Daniel Buuma/cedida por MSF

NAIROBI, 18 de junio de 2026.- La decimoséptima epidemia de ébola declarada en la República Democrática del Congo está lejos de estar controlada. El brote de ébola en RDC se enfrenta a una tormenta perfecta. La violencia de grupos armados en el este, el desplazamiento masivo de poblaciones y los recortes en la financiación humanitaria internacional multiplican los contagios y dificultan la respuesta sanitaria.

Así lo advierte Albert Essoung, jefe adjunto de operaciones de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el país. El responsable dialogó con EFE tras regresar de las zonas afectadas. “La situación no está bajo control, es muy dinámica”, sostiene. Essoung destaca que nunca antes se habían registrado tantos casos sospechosos después de la declaración oficial de un brote.

El actual brote fue declarado el pasado 15 de mayo en el este de la RDC. Esa región está sumida en una crisis humanitaria crónica. Hasta el momento, las autoridades sanitarias han confirmado 837 casos, de los cuales 196 personas han muerto. La cifra sigue creciendo. MSF alerta de que la vigilancia epidemiológica no logra detectar todos los contagios.

El sistema de salud y los recortes complican el brote de ébola en RDC

Uno de los principales problemas que enfrenta la respuesta al brote de ébola en RDC es el debilitamiento del sistema de vigilancia comunitaria. Essoung explica que los recortes de fondos impuestos por Estados Unidos y países europeos durante el año pasado redujeron los recursos. Eso afectó el pago a los “contactos comunitarios”: personas locales capacitadas para identificar y reportar casos inusuales, como la muerte de varios miembros de una misma familia.

“Hay que pagar a los contactos comunitarios. Ese sistema requiere recursos humanos, materiales y logísticos”, señala el experto en salud pública. Sin esa red, los rumores se propagan con tanta rapidez como el virus. Algunos atribuyen el ébola a la brujería. Otros lo tildan de invención de las ONG para recaudar dinero.

A esto se suman las dificultades estructurales del sistema de salud congoleño. Essoung lo califica como “poco funcional”. La declaración tardía del brote dejó imágenes impactantes. En centros de salud precarios, los enfermos sospechosos de tener ébola compartían habitación durante horas con los cuerpos de fallecidos. Esos cuerpos son altamente contagiosos. También compartían espacio con sus propios familiares, que acudían a llevarles comida por falta de recursos.

El acceso limitado agrava la respuesta sanitaria

El este de la RDC es escenario de una violencia endémica. Decenas de grupos armados protagonizan ataques constantes. Essoung subraya que el conflicto provoca “un desplazamiento forzoso de la población. Eso implica la propagación del virus y una multiplicación de los pacientes”. Las personas huyen de los ataques y se mueven hacia zonas más seguras. En ese traslado llevan consigo el virus, sin saberlo.

Además, el acceso a las zonas afectadas es un desafío logístico. Muchas comunidades solo son accesibles por moto, barco o incluso a pie. La región está cubierta por la densa selva tropical de la cuenca del Congo. Tiene muy pocas carreteras.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el brote probablemente circuló durante dos meses antes de que fuera declarado. La falta de infraestructura y la debilidad de la vigilancia epidemiológica explican ese retraso.

Aunque Essoung afirma que “la situación mejora progresivamente”, reconoce que los equipos de protección personal y los Centros de Tratamiento de Ébola (CTE) siguen siendo insuficientes. Las provincias afectadas —Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur— cuentan con una veintena de CTE. Muchos fueron levantados por MSF en cuestión de semanas. “Hay muchas zonas de salud en las que se ha confirmado la epidemia pero no tienen ninguno”, lamenta.

La falta de equipos y agua potable expone a los trabajadores

Cuando se identifica un caso sospechoso en una zona sin CTE, se despliega un equipo de investigación. Si se confirma, se preparan “salas de aislamiento” en centros de salud locales. Esos centros tienen capacidad técnica limitada.

Oxfam señala que solo uno de cada cinco centros de salud en Ituri tiene acceso a agua potable suficiente. Esto agrava el riesgo de contagio entre pacientes y personal sanitario. Muchos trabajadores sanitarios carecen de equipos de protección personal. Quedan expuestos al virus cuando hacen el “triaje” de los pacientes.

El actual brote corresponde a la cepa Bundibugyo del ébola. Según la OMS, no existe vacuna autorizada ni tratamiento específico para esa cepa. Eso hace que el aislamiento de los enfermos y la detección temprana sean las únicas herramientas disponibles para frenar la propagación.

Mientras la comunidad internacional mira con preocupación, MSF insiste en que el brote de ébola en RDC no podrá ser controlado sin una inversión sostenida en vigilancia comunitaria, acceso a las zonas remotas y protección de los trabajadores sanitarios.

Con EFE