
WASHINGTON, EE. UU., 22 de mayo de 2026.- Amenaza de Trump a Cuba. Bloqueo petrolero, cargos federales, presencia militar y advertencias de intervención. Así define Washington su estrategia contra La Habana, calcada del manual que usó contra Venezuela. Pero los expertos advierten que campañas similares no producen resultados similares.
“El presidente Trump consideró la intervención en Venezuela un éxito rotundo”, dijo Brian Finucane, asesor principal del International Crisis Group y exabogado del Departamento de Estado. “Y ha intentado replicar el modelo venezolano en otros lugares. Pero Cuba, al igual que Irán, es un país muy diferente a Venezuela”.
Amenaza de Trump a Cuba sin un sucesor claro
La diferencia más concreta es política. Si Estados Unidos derrocara al liderazgo cubano, no existe un sucesor obvio dispuesto a trabajar con Washington. En Venezuela, en cambio, tras la captura de Nicolás Maduro en enero, su segunda al mando, Delcy Rodríguez, asumió el poder con aprobación estadounidense. Maduro se encuentra actualmente en Nueva York a la espera de juicio y se declaró inocente.
Funcionarios cubanos, que hablaron bajo condición de anonimato, fueron directos: “En Cuba no hay ninguna Delcy”.
Por su parte, Finucane señaló otras asimetrías. La presencia militar estadounidense en el Caribe es hoy menor que el enorme despliegue frente a Venezuela previo al derrocamiento de Maduro, que involucró más de 150 aeronaves en todo el hemisferio y el desvío del portaaviones USS Gerald R. Ford desde Europa. Tres buques de asalto anfibio transportaron una unidad expedicionaria de infantes de marina con helicópteros y aviones Osprey. Hoy, si bien el portaaviones USS Nimitz opera en la región, está realizando su última gira antes de ser dado de baja.
Además, la acusación contra el exlíder cubano Raúl Castro, de 94 años, tiene menor impacto estratégico que los cargos de narcotráfico que justificaron la captura del presidente venezolano.
Embargo petrolero, cargos judiciales y riesgo de crisis migratoria
Las herramientas son las mismas, pero los objetivos difieren. Contra Venezuela, Trump apuntó a las exportaciones petroleras para privar de ingresos al gobierno. Tras el derrocamiento de Maduro, el foco cambió: Venezuela ahora vende petróleo a empresas estadounidenses y mercados globales, un giro radical tras años de bloqueo. Contra Cuba, en cambio, el embargo busca cortar las importaciones de crudo en una isla ya devastada por la escasez energética. Cuba declaró recientemente haber agotado sus reservas.
No obstante, Finucane advirtió que presionar demasiado puede tener un efecto no deseado. “Si desestabilizan la isla, existe la posibilidad de que se produzca una crisis de refugiados”, dijo. Una oleada migratoria hacia Florida sería, precisamente, lo que Trump más quiere evitar.
En el plano judicial, William LeoGrande, profesor de política latinoamericana en la American University de Washington, relativizó el impacto de la acusación contra Castro. “Castro todavía tiene influencia, pero no dirige el gobierno en el día a día”, afirmó. Su captura no alteraría el funcionamiento del Estado cubano.
Trump, mientras tanto, insiste. “Otros presidentes han estado considerando esto durante 50 o 60 años”, dijo. “Y parece que seré yo quien lo haga”. La amenaza de Trump a Cuba escala. Si el desenlace será el mismo que en Venezuela, los expertos, por ahora, lo dudan.
