
BUENOS AIRES, 22 de abril de 2026.- La pobreza infantil en Argentina cerró 2025 con cifras que incomodan: más de la mitad de los chicos de entre 0 y 17 años vive en condiciones de pobreza. El dato surge de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), elaborada por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica (ODSA-UCA). Si bien la tendencia mejoró respecto del pico histórico de 2023, los investigadores advierten que no hay que confundir un respiro coyuntural con la solución de un problema estructural.
La tasa de pobreza entre niños y adolescentes llegó al 53,6% en 2025. La indigencia, por su parte, se ubicó en el 10,7%. Ambos valores representan una caída respecto del año anterior, pero siguen muy por encima de los registros de 2010, cuando la pobreza infantil afectaba al 45,2% de ese grupo etario.
La pobreza infantil en Argentina: una crisis que se acumula hace quince años
En 2011 y 2012, el indicador había bajado hasta el 35,7% y el 38,4% respectivamente. Desde allí, el deterioro fue casi ininterrumpido. Los años de la pandemia marcaron un piso dramático: entre 2020 y 2021, la pobreza infantil rozó el 65%. El peor momento llegó en 2023, con un 62,9%, el valor más alto de toda la serie. La mejora registrada en 2024 y 2025 es real, pero insuficiente para compensar esa acumulación de años críticos.
La serie histórica que presenta la UCA muestra una tendencia clara: la pobreza infantil sube con fuerza en los momentos de crisis y baja poco en los períodos de recuperación. El resultado neto, a lo largo de quince años, es un deterioro sostenido.

La indigencia siguió un camino similar, aunque con oscilaciones más pronunciadas. En 2010 partió del 11,4% y llegó a su piso histórico en torno al 8% en 2011-2012. Desde allí trepó sin pausa hasta el 17,7% en 2024, el valor más alto de toda la serie. En 2025 descendió al 10,7%, un dato alentador que la acerca a los niveles de 2017-2018, aunque sin alcanzarlos.
No obstante, la UCA es clara en su diagnóstico: estas brechas no se explican solo por la falta de ingresos. Se trata de un entramado de condiciones que se acumulan y se potencian: alimentación, vestimenta, vínculos, escolaridad y entorno.
El 30% de los chicos tuvo problemas para comer y la asistencia estatal marcó récord
En cuanto a la alimentación, el informe registró que el 28,8% de los niños y adolescentes experimentó inseguridad alimentaria durante 2025. De ese total, el 13,2% la vivió en su forma más severa. Ambos valores mejoraron respecto de 2024, pero todavía no recuperan los niveles previos a 2017.
La problemática se concentra en los hogares de menores ingresos y tiene mayor incidencia en el conurbano bonaerense. En ese contexto, la asistencia alimentaria estatal trepó al 64,8%, la marca más alta de toda la serie histórica. El salto se produjo a partir de 2020, impulsado por la expansión de comedores escolares y comunitarios y por la incorporación de la Tarjeta Alimentar.
Por su parte, la cobertura de transferencias monetarias como la Asignación Universal por Hijo (AUH) alcanzó al 42,5% de los niños, tres puntos porcentuales menos que en 2024. Inanina Tuñón, investigadora del ODSA, explicó que estas políticas no fueron pensadas para cubrir el ingreso completo de los hogares, sino para equiparar el salario familiar de un trabajador formal con el de uno informal. “Por eso es clave mejorar las condiciones laborales de los adultos”, sostuvo.
En materia de salud, el 15,7% de los chicos no realizó ninguna consulta médica durante el año y el 34,6% no fue al odontólogo. Además, el 19,8% dejó de asistir al médico, al odontólogo o a ambos por razones económicas, lo que expone barreras de acceso concretas incluso dentro de un sistema de salud formalmente gratuito. “La atención odontológica es la más postergada, lo que evidencia una deuda histórica de las políticas sanitarias con la salud bucal”, señaló el informe. Tuñón agregó que, más allá de la falta de recursos, existe una problemática estructural en la oferta del sistema de salud.
En las condiciones habitacionales, los números también preocupan: el 18,1% de los niños vivía en viviendas precarias, el 20,9% en situación de hacinamiento y el 42% en hogares sin saneamiento adecuado.
La pobreza infantil en Argentina, concluye la UCA, sigue siendo un problema estructural que ninguna mejora coyuntural alcanza a resolver por sí sola.
