
BUENOS AIRES, 19 de septiembre de 2026.- El número de empresas en mora ya alcanza las 57.045. Representa casi el 12% de las aproximadamente 480.000 compañías activas en el país. Así lo revela el informe del Sistema de Evaluación de Riesgo Financiero (Índice SERF) elaborado por Fidelitas. En agosto, el indicador se ubicó en 38,3 puntos. Esto implicó una caída de 6,9 puntos respecto de los 45,2 registrados en julio. De esta manera, ingresó en zona de “Riesgo Elevado”.
Además, el relevamiento señala que el incremento interanual de empresas en mora fue del 56,5%. Entre enero y junio de 2026, el aumento alcanzó el 18,7%. En paralelo, el Índice de Riesgo Crediticio descendió hasta 17,8 puntos. Este descenso refleja dificultades de pago que restringen la capacidad del financiamiento para impulsar ventas e inversión.
“El indicador muestra que la estabilización de algunas variables macroeconómicas todavía no logra traducirse en una mejora generalizada de las condiciones en las que operan las empresas. La principal fragilidad continúa concentrada en el frente crediticio”, explicó Félix El Idd, CEO de Fidelitas. Y agregó: “La estabilización de precios todavía no se traduce en una mejora de la capacidad de pago ni en una recuperación expansiva de la economía”.
Empresas en mora: la industria acelera su caída
Uno de los principales factores detrás del deterioro del escenario es el comportamiento de la actividad manufacturera. En efecto, la producción industrial cayó 4,9% interanual en julio. Asimismo, acumuló una contracción de 2,6% entre enero y julio de 2026. Más significativo aún fue el retroceso de 5,0% respecto de junio, una vez descontados los factores estacionales.
La caída presenta un alcance amplio: 12 de las 16 divisiones manufactureras registraron descensos interanuales. Los mayores retrocesos se concentraron en bienes durables y de capital. Esta es una señal especialmente relevante para evaluar las perspectivas de inversión.
Maquinaria y equipo se contrajo 26,7%. La caída fue de 46,6% en maquinaria agropecuaria, que incluye tractores, cosechadoras y pulverizadoras. También fue de 20,9% en aparatos de uso doméstico. Por su parte, otros equipos, aparatos e instrumentos retrocedieron 31,4%. La contracción fue de 49,8% en electrónica de consumo y de 25% en equipos eléctricos. También disminuyeron con fuerza las prendas de vestir, cuero y calzado, con una baja de 15,9%. La contracción del calzado fue de 26,5%.
Divisiones que crecieron pese a la mora empresarial
En contraste, solo cuatro divisiones mostraron crecimiento. La refinación de petróleo subió 8,1%. Madera y papel creció 7,1%. Metálicas básicas avanzó 1,6%. Otro equipo de transporte subió 2,6%, impulsado principalmente por las motocicletas. En este contexto, el Índice de Actividad del SERF se ubicó en 54,2 puntos. Así, evidenció comportamientos dispares pero sin una recuperación generalizada.
Más empresas en aprietos
La evolución del crédito tiene su contracara en el crecimiento de la morosidad. Actualmente se registran 57.045 empresas en mora. Representan casi el 12% de las aproximadamente 480.000 empresas activas. Esto implica un incremento interanual de 56,5%. Solo entre enero y junio de 2026, el incremento de empresas en mora fue del 18,7%.
En el detalle, parece haber cierta paridad. Servicios y Comercio concentran el 71,9% de la morosidad empresarial total. Los mayores aumentos interanuales se registraron en Comercio, con 78%. Manufactura subió 76,3%. Agropecuario creció 65,6%.
Cheques rechazados y cadena de pagos
A este escenario se suma un nivel persistentemente elevado de cheques rechazados. Este se mantiene en torno a 80.000 por mes. En consecuencia, en los primeros ocho meses de 2026 ya se alcanzó un volumen de rechazos equivalente al registrado durante los doce meses de 2025.
La combinación de mora, cheques rechazados y dificultades de acceso al financiamiento impacta directamente sobre la cadena de pagos. Una empresa que demora sus obligaciones puede trasladar la presión a proveedores que hasta ese momento operaban normalmente. Por lo tanto, el riesgo se multiplica cuando varias contrapartes pertenecen al mismo sector. También se multiplica cuando dependen de un mismo ciclo de demanda.
“Hoy en día, la elección de un proveedor no solo debe incluir aspectos de calidad en el producto o servicio, equipo de profesionales o tecnología implementada. También debe considerar solidez financiera. Así no se incorpora un problema a futuro en la cadena de producción de quien hace la contratación”, explican desde la empresa.
Cuando vender más no siempre significa mejorar la caja
Desde Fidelitas explican que el costo financiero constituye otro de los obstáculos para una recuperación sostenida. En agosto, la diferencia entre las tasas efectivas anuales con capitalización mensual de los préstamos personales (88,86%) y de los depósitos (23,40%) alcanzó aproximadamente 65,46 puntos porcentuales.
Para las empresas, el impacto se concentra especialmente en el capital de trabajo. Cuando una compañía cobra más tarde debe financiar durante más tiempo mercadería, salarios e impuestos. Si los márgenes comerciales no compensan ese costo, un aumento de las ventas puede incluso deteriorar la posición de caja. En consecuencia, el crecimiento de la facturación pierde valor cuando queda inmovilizado en cuentas por cobrar o en sobrestocks.
Costos en dólares y competitividad
A esta presión se suma la evolución de los costos empresariales medidos en dólares. Cuando estos aumentan sin una mejora equivalente de productividad, los márgenes se comprimen. Por lo tanto, la competitividad se deteriora. La sostenibilidad de esta ecuación depende, en consecuencia, de mayores niveles de inversión, eficiencia y generación de divisas.
En este contexto, la baja de la inflación (1,7% en agosto) y el desempeño relativamente favorable del comercio exterior constituyen señales positivas. Sin embargo, todavía son insuficientes para compensar la debilidad del mercado interno y el deterioro del crédito.
“La lectura empresarial del SERF de agosto resulta, así, consistente: la economía muestra señales de estabilización, pero todavía no de recuperación generalizada. Con el indicador en la categoría ‘Riesgo Elevado’, no es posible anticipar grandes saltos de evolución en el corto plazo. La mayor severidad continúa concentrada en el frente crediticio”, explican desde Fidelitas.
El aumento de la morosidad de personas y empresas en mora, las tasas reales elevadas, el persistente nivel de cheques rechazados y el estancamiento o retroceso de buena parte de los indicadores de actividad conforman un escenario exigente. En él, las empresas deberán extremar la administración del riesgo. A ello se suma una creciente detección, en las bases de datos de Fidelitas, de empresas con deudas previsionales impagas. También se registra un mayor número de sanciones de UIF y BCRA. Por lo tanto, estas señales refuerzan la necesidad de profundizar los controles sobre clientes, proveedores y contrapartes comerciales.
“En definitiva, el desafío empresario ya no pasa solamente por vender, sino por vender cobrando, preservar liquidez y administrar cuidadosamente el riesgo de cada operación”, concluyen desde Fidelitas.
Con información de NA
