
10 de mayo de 2026.- En el vasto desierto de Anbar, lejos de cualquier radar diplomático, la base israelí en Irak quedó al descubierto de la manera menos esperada: un pastor local notó movimientos inusuales de helicópteros y disparos, y avisó a las autoridades iraquíes. No fue un satélite. No fue un espía. Fue un hombre con sus animales.
El diario estadounidense The Wall Street Journal reveló que Israel estableció esa instalación secreta en territorio iraquí antes del inicio de la guerra con Irán. Según fuentes citadas por el medio, el objetivo era garantizar cobertura aérea para las operaciones israelíes y contar con unidades de búsqueda y rescate listas para actuar si algún caza caía en suelo iraní.
La base israelí en Irak y el derribo del F-15
La instalación cobró relevancia operativa en febrero de este año, cuando Israel la puso a disposición de las fuerzas aliadas tras el derribo de un caza estadounidense F-15 cerca de Isfahán. Sin embargo, las fuerzas de EE. UU. rechazaron la oferta y rescataron a los pilotos de forma autónoma. En paralelo, la aviación israelí realizó bombardeos para asegurar la zona.
No obstante, la exposición de la base desencadenó una respuesta contundente. Israel lanzó ataques aéreos de alta intensidad sobre el área, que se saldaron con la muerte de un soldado iraquí. En ese contexto, Bagdad cuestionó públicamente las circunstancias del episodio y apuntó inicialmente a Washington como responsable.
Por su parte, el adjunto al mando de operaciones del Ejército iraquí, Qais Almuhamadawi, fue categórico: “Esta operación temeraria se llevó a cabo sin coordinación ni autorización”. Bajo esta premisa, un responsable militar iraquí añadió que todo indicaba la presencia de una fuerza desplegada sobre el terreno antes del ataque, apoyada desde el aire y con capacidades que excedían las de sus propias unidades.
El desierto de Anbar: extenso, árido y casi despoblado
Un experto en inteligencia explicó que el entorno geográfico no es casual. El desierto del oeste de Irak reúne condiciones ideales para albergar instalaciones encubiertas: extensión enorme, baja densidad poblacional y lejanía de centros urbanos. “Era imprescindible realizar reconocimientos e inspecciones antes de cualquier movimiento”, señaló.
Ese desierto se extiende desde la ribera occidental del Éufrates en Anbar y conecta con los desiertos de Siria y Jordania. Cubre alrededor del 23% del territorio iraquí. En sus límites están las ciudades de Al Qaim, Ana, Hit y Rutba. Asimismo, la región alberga reservas de fosfato estimadas en 2.000 millones de toneladas, además de azufre, arenas de sílice y gas natural.
En este sentido, el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea israelí, Tomer Bar, había reconocido que fuerzas especiales llevan a cabo “operaciones excepcionales” en el marco del enfrentamiento con Irán, sin dar más precisiones.
Entre Washington, Teherán y Bagdad
Estos hechos se inscriben en un escenario de alta tensión política y militar. Bagdad transita un equilibrio delicado entre sus dos principales aliados estratégicos: Washington y Teherán. No obstante, ese equilibrio se vuelve cada vez más difícil de sostener.
En este contexto, Estados Unidos mantiene una presión sostenida sobre Irak para que desarme a las milicias respaldadas por Irán, a las que Washington clasifica como organizaciones terroristas. Esos grupos han atacado intereses estadounidenses en el país: desde la embajada en Bagdad hasta instalaciones logísticas y yacimientos petroleros operados por empresas extranjeras.
La base israelí en Irak —descubierta por un pastor en el desierto de Anbar— es, en definitiva, el símbolo más concreto de hasta dónde llega la proyección de fuerza israelí en una región donde cada movimiento tiene consecuencias diplomáticas y militares impredecibles.
Con Euronews
