
QUITO, 17 DE JUNIO DE 2026.- La sensación de inseguridad en las grandes ciudades no siempre tiene que ver con el delito real. Así lo planteó el urbanista francocolombiano Carlos Moreno, creador del concepto de la “Ciudad de los 15 Minutos”, quien remarcó que la falta de proximidad entre vecinos explica buena parte del miedo urbano actual. En este sentido, Moreno distinguió entre la inseguridad real y la percibida, dos fenómenos que no siempre evolucionan de la misma manera.
El especialista brindó una entrevista a la agencia EFE en Quito, ciudad que busca aplicar su modelo urbano junto a la Universidad de La Sorbona. Allí, Moreno observó que cuando los vecinos no se conocen y los espacios públicos quedan vacíos, se generan narrativas de miedo que debilitan la cohesión social. Por su parte, advirtió que esas narrativas alimentan la desconfianza colectiva y refuerzan la percepción de inseguridad, incluso sin un aumento real del delito.
La proximidad entre vecinos como política de cohesión social
Para Moreno, reconstruir el vínculo vecinal no elimina el delito de forma automática. Bajo esta premisa, el urbanista defendió que la cercanía entre residentes fortalece la confianza colectiva y reduce el aislamiento social. Además, planteó que este tipo de proximidad debería reconocerse como un derecho, al mismo nivel que el acceso al agua, la electricidad o la alfabetización.
La propuesta de Moreno se apoya en el modelo de “Ciudad de 15 Minutos”, que busca que los habitantes tengan a un cuarto de hora de sus casas el trabajo, la salud, la educación, la cultura y los espacios públicos. No obstante, el urbanista aclaró que el objetivo no es solo acortar distancias, sino construir ciudades más policéntricas, compactas y sostenibles. Asimismo, sostuvo que ese modelo permite mezclar usos y grupos sociales, generar empleo local y reducir las emisiones de carbono.
El riesgo de la gentrificación en los nuevos modelos urbanos
Moreno fue claro respecto a uno de los principales riesgos del proyecto. “Nuestro enemigo es la gentrificación”, confesó el especialista, en referencia al aumento del valor del suelo que puede expulsar a los vecinos de menores recursos. En este sentido, remarcó que la tipología de vivienda resulta un elemento clave para evitar ese desplazamiento.
El urbanista repasó que América Latina vivió un crecimiento urbano acelerado, lo que llevó a que muchas familias provenientes de zonas rurales terminaran en asentamientos informales. Por eso, planteó que el derecho a la vivienda debe entenderse hoy como el derecho a vivir plenamente la ciudad. Bajo esta premisa, sostuvo que la vivienda social tiene que distribuirse en toda la trama urbana, sin quedar asociada únicamente a la pobreza.
Los desafíos puntuales que enfrenta Quito
En el caso de Quito, Moreno identificó tres obstáculos centrales para aplicar su modelo. Por un lado, la topografía alargada de la ciudad genera una marcada segregación entre los barrios del norte y del sur. Asimismo, los largos desplazamientos diarios entre la vivienda y el trabajo afectan de manera desproporcionada a las mujeres.
El tercer desafío es el acceso desigual a servicios públicos esenciales como la educación y la salud. No obstante, el especialista remarcó que todavía no se formularon hipótesis definitivas sobre cómo resolver estos problemas. Por su parte, adelantó que trabaja junto a ONU-Hábitat y La Sorbona en una metodología para medir la inseguridad percibida en distintas ciudades.
La intención de Moreno es proponer a Quito como una de las ciudades piloto para aplicar ese nuevo marco de análisis. De esta manera, la proximidad entre vecinos vuelve a aparecer como una variable central a la hora de pensar el futuro urbano, tanto en Europa como en América Latina.
