La guerra en Irán y el riesgo de alimentos más caros por los fertilizantes

Cientos de miles de toneladas de urea y amoníaco retenidas por la guerra en Irán y los fertilizantes.
Cientos de miles de toneladas de fertilizantes están retenidas en los países del Golfo debido a la guerra con Irán. Imagen: Simon Wohlfahrt/AFP/Getty Images

22 de marzo de 2026.- Grandes volúmenes de urea, amoníaco, fosfatos, azufre y petróleo producidos en los países del Golfo transitan por el estrecho de Ormuz. Este es el angosto paso marítimo que constituye la única vía de comunicación entre el Golfo Pérsico y el océano abierto. En este sentido, la guerra en Irán y los fertilizantes se han vuelto un binomio crítico para la economía.

La guerra en Oriente Medio podría llegar a afectar la campaña de maíz estadounidense 2026/27 si los valores de los fertilizantes no se ajustan a niveles razonables. 

El costo humano de la guerra con Irán se distribuirá de forma desigual. Los países más pobres y dependientes de las importaciones serán los que absorban el impacto de la escasez de fertilizantes y el aumento de los precios de la energía.

Irán posee algunas de las mayores reservas de gas natural del mundo y ese recurso es la materia prima clave para producir amoníaco, el insumo fundamental para elaborar fertilizantes nitrogenados. La urea, que contiene aproximadamente un 46% de nitrógeno, es el fertilizante nitrogenado sólido más utilizado a nivel mundial y desempeña un papel fundamental en los sistemas de producción agrícola.

Un análisis realizado por economistas de la American Farm Bureau revela datos preocupantes. Los países expuestos a interrupciones representan casi la mitad de las exportaciones mundiales de urea. Asimismo, concentran alrededor del 30% de las exportaciones mundiales de amoníaco. Esto refleja la concentración de la capacidad de exportación de nutrientes en el Golfo Pérsico y sus alrededores.

En pocas palabras, la situación es grave. Bajo esta premisa, Harry Ott, presidente de la Oficina Agrícola de Carolina del Sur, en EE. UU., y agricultor, compartió una experiencia alarmante. Al contactar a un proveedor de fertilizantes para realizar un pedido, inicialmente le informaron que no disponían de información sobre el precio. El proveedor estaba a la espera de ver cuánto subirían los precios mayoristas para futuras entregas.

Entendemos que los proveedores también experimentarán un aumento de costos. Sin embargo, la esperanza de todos los agricultores del país es que no se aprovechen de la situación para inflar innecesariamente los precios. Según una nota publicada el 19 de marzo, la AFBF es la organización agrícola más grande de Estados Unidos.

Los efectos de la guerra de Irán amenazan con convertirse en el factor de riesgo más importante para la seguridad alimentaria mundial en seis años, tras la pandemia de COVID-19 y la incautación por parte de Moscú de tierras agrícolas y puertos utilizados para exportar cereales ucranianos al comienzo de la guerra de Rusia en Ucrania, en 2022.

Tienda de alimentos en Teherán, durante los recientes ataques de EE. UU. e Israel contra la capital de Irán.Imagen: Atta Kenare/AFP/Getty Images

Rusia es el mayor proveedor de fertilizantes del mundo

Las turbulencias provocadas por la guerra de Irán también están sacando a la luz un problema estructural que Europa arrastra desde hace años: su continua dependencia de Rusia como proveedor de fertilizantes. Según la Comisión Europea, alrededor del 22% de las importaciones de fertilizantes de la UE en 2025 seguían procediendo de Rusia, con un valor de 1.300 millones de euros solo en el primer semestre del año. Rusia exportó un total de 45 millones de toneladas de fertilizantes en 2025, lo que la convierte en el mayor proveedor mundial.

El riesgo de escasez y la seguridad nacional alimentaria

A menos que se priorice estratégicamente el suministro de insumos esenciales como urea, amoníaco y nitrógeno, Estados Unidos corre el riesgo de sufrir escasez de cosechas. Esto no solo representa una amenaza para nuestra seguridad alimentaria y nacional. Una crisis de producción de esta magnitud podría contribuir a la inflación en toda la economía estadounidense.

Harry Ott insistió en que los proveedores no deben aprovechar el contexto para inflar valores. A menos que se priorice el suministro de productos a base de azufre, el riesgo de cosechas fallidas es real. Esto afectaría la seguridad alimentaria por extensión. Además, una crisis de esta magnitud impactaría en la inflación general de forma severa.

EE.UU. depende tanto de la producción nacional como de las importaciones para satisfacer la demanda de fertilizantes, y la exposición a las importaciones varía según el nutriente. Aproximadamente el 97% del potasio se importa, el 18% del nitrógeno y el 13% del fosfato. Esta exposición a las importaciones aumenta la sensibilidad a las interrupciones del comercio mundial, especialmente durante los picos estacionales de demanda

La guerra en Irán y los fertilizantes abrieron un frente mucho más silencioso, aunque potencialmente más devastador: el del suelo fértil. Distintos análisis internacionales, como informes del Consejo General de Economistas de España, advierten un shock global. Hoy, la seguridad alimentaria mundial depende menos de las cosechas que de la geopolítica de estos insumos.

Europa del Este depende de los fertilizantes rusos

Los países de Europa del Este son especialmente dependientes. Polonia -uno de los mayores países agrícolas de la UE- importó durante años cantidades considerables de productos rusos, a pesar de su productor nacional Grupa Azoty. Los países bálticos y Bulgaria también cubrían parte de sus necesidades en Rusia.

Sin embargo, los comerciantes de Europa Occidental también están recurriendo de nuevo a las alternativas rusas cuando flaquean los suministros de Qatar y otros países del Golfo. Esto también está haciendo subir los precios, en parte porque ahora se aplican aranceles especiales de la UE a los fertilizantes rusos y bielorrusos.

La UE aplica estos aranceles especiales a los fertilizantes rusos y bielorrusos desde julio de 2025. Además del actual derecho ad valorem del 6,5%, existe un derecho escalonado por volumen, que aumentará significativamente en los próximos años. Al mismo tiempo, en febrero de 2026, la Comisión Europea propuso suspender temporalmente los aranceles generales a otros países para facilitar la importación de productos alternativos del norte de África y EE.UU.

Un shock sistémico en el mercado global de nutrientes

No se trata de una perturbación coyuntural, sino de un shock estructural. La interrupción de las exportaciones iraníes retiró del mercado global una porción clave de los nutrientes. Especialmente desaparecieron la urea, el azufre y el amoníaco que sostienen la agricultura moderna.

En el caso de la urea, Irán representaba cerca del 15% de la oferta exportable mundial. Este volumen desapareció prácticamente de la noche a la mañana. Además, no existen sustitutos inmediatos en el corto plazo. Durante décadas, la globalización optimizó las cadenas agrícolas bajo criterios de eficiencia. No obstante, esa eficiencia generó una dependencia extrema de ciertos nodos geográficos estratégicos.

El Estrecho de Ormuz es el ejemplo más claro. Por allí circulan no solo hidrocarburos, sino también insumos químicos esenciales para la producción de alimentos. Las cifras reflejan la magnitud del impacto. El costo del transporte de fertilizantes se multiplicó por más de tres, mientras que las primas de seguro escalaron con fuerza.

Logística, precios y escasez en Europa y el mundo

En consecuencia, el precio de la urea superó los 900 dólares por tonelada. Estos niveles vuelven inviable la producción en muchas regiones del planeta. Ya no se trata solo de márgenes más estrechos, sino de decidir si producir o no producir. Sin embargo, el problema no es únicamente el precio de venta.

El sistema global de fertilizantes está profundamente interconectado. La interrupción de insumos clave genera un efecto dominó sobre la producción de otros nutrientes esenciales. Según reportes de Euronews, el impacto ya se siente con fuerza en Europa. Allí los fertilizantes nitrogenados registran subas significativas en pocas semanas.

Además, el aumento del gas agrava el escenario global. El precio en el mercado TTF pasó de unos 32 a casi 52 euros por megavatio hora (MWh). Esto impacta directamente en los costos de producción locales. Al mismo tiempo, persiste la dependencia de Rusia como proveedor clave de fertilizantes. Productores europeos ya enfrentan fuertes tensiones en sus costos operativos.

Productores en alerta y el impacto directo en Argentina

En diálogo con Euronews, el agricultor Paul Henschke explicó que los números se volvieron extremadamente ajustados. “Hay que hacer cuentas”, sentenció ante la crisis. Por su parte, el productor Willi Kremer-Schillings advirtió que el problema es la posible falta de disponibilidad si el conflicto se agrava.

La industria europea enfrenta dificultades para competir con fertilizantes más baratos. Esto pone en riesgo la producción local y la seguridad de suministro. El efecto de la guerra en Irán y fertilizantes ya llegó a Argentina de forma contundente. La urea pasó de unos 450 a más de 860 dólares por tonelada.

Este incremento impacta directamente en cultivos como trigo y maíz. En el trigo, la fertilización puede alcanzar hasta el 50% del costo. En maíz, la cifra ronda el 45%. Con estos valores, los márgenes se reducen y aumentan los rindes necesarios para cubrir costos. Además, una campaña más cara implica menor inversión y menor uso de tecnología.

El factor estratégico y la reconfiguración del sistema

En este contexto, cobra relevancia la venta de la participación de YPF en Profertil a Adecoagro. Para Federico Basualdo, la decisión implicó perder una herramienta estratégica en un mercado clave. La crisis actual no se limita a una suba de precios, sino a una reconfiguración sistémica.

Incluso si el conflicto desescala, los efectos persistirán por varias campañas. Esto se debe a los cambios logísticos y productivos ya implementados. El sistema agrícola global fue construido sobre la eficiencia, pero también sobre una fragilidad extrema. La guerra en Irán y los fertilizantes dejó en evidencia que la seguridad alimentaria no se define solo en los campos.

Los países más pobres, los más golpeados

El costo humano de la guerra con Irán se distribuirá de forma desigual. Los países más pobres y dependientes de las importaciones serán los que absorban el impacto de la escasez de fertilizantes y el aumento de los precios de la energía.

La India es uno de los países más expuestos, ya que depende del Golfo para hasta dos tercios de sus importaciones de fertilizantes nitrogenados, incluida una gran parte de la urea. La escasez de fertilizantes dejaría vulnerable la próxima temporada de siembra del monzón, lo que provocaría un fuerte aumento de los costos de producción del arroz, el trigo y otros alimentos básicos que alimentan a 1.450 millones de personas.

Brasil, uno de los mayores exportadores agrícolas del mundo, depende de la urea procedente del Golfo para cubrir aproximadamente el 40 por ciento de sus necesidades de nitrógeno. Cualquier interrupción prolongada amenaza los rendimientos de la soja y el maíz en un momento en que los suministros mundiales ya son escasos.

El África subsahariana se enfrenta al riesgo más grave. Muchos países africanos ya utilizan fertilizantes en cantidades muy inferiores a las necesarias para obtener rendimientos decentes. Por lo tanto, incluso un modesto aumento de los precios podría obligar a los pequeños agricultores a reducir aún más su uso, lo que reduciría las cosechas y agravaría el hambre crónica.

Según Bloomberg, la inflación en Irán ya superaba el 40 por ciento antes del conflicto, y los precios de los alimentos seguían aumentando. Es probable que las interrupciones en las importaciones, los costos energéticos y la logística nacional eleven aún más la inflación de los alimentos, lo que intensificará las dificultades de millones de personas.

Los países del Golfo, que importan entre el 80 y el 90 por ciento de sus alimentos -desde cereales y carne hasta lácteos y aceites vegetales- también dependen en gran medida de Ormuz para los envíos entrantes. Un cierre prolongado podría agotar las reservas estratégicas en cuestión de meses, lo que obligaría a racionar o a realizar costosos desvíos a través del Mar Rojo y el Golfo de Omán.

Con DW/AFP/EURONEWS/Bichos de Campo/La Nación/Federación Estadounidense de la Oficina Agrícola