
WASHINGTON, EE. UU., 18 de marzo de 2026.- El portaaviones USS Gerald Ford debió abandonar el Mar Rojo tras un incendio a bordo que dejó heridos leves y evidenció un desgaste operativo prolongado.
En este sentido, el fuego se originó en el sector de lavandería principal y demandó más de 30 horas de trabajo para ser controlado. La tripulación actuó de forma coordinada para contener las llamas. Como resultado, dos marineros recibieron atención médica y decenas sufrieron inhalación de humo.
No obstante, el impacto no se limitó al siniestro. Más de 600 efectivos perdieron sus lugares de descanso, lo que obligó a improvisar camas en pisos y áreas comunes. Esta situación expuso las limitaciones logísticas dentro de la nave.
Portaaviones USS Gerald Ford bajo presión operativa
Bajo esta premisa, el incidente reavivó preocupaciones previas sobre el estado general del buque. La embarcación, de 337 metros de eslora, transporta a unos 4.500 tripulantes y cerca de 75 aeronaves.
Asimismo, arrastra fallas técnicas desde hace meses, en especial en su sistema sanitario. Los problemas en los más de 650 retretes generaron incomodidades constantes, con obstrucciones frecuentes y largas esperas para la tripulación.
Por su parte, especialistas advierten que estas deficiencias se vinculan con un uso intensivo. El Ford acumula nueve meses de despliegue continuo, cuando las recomendaciones establecen misiones de no más de seis meses para este tipo de unidades.
Desgaste, misiones y relevo militar
En este contexto, la nave participó en múltiples operaciones internacionales, desde América Latina hasta Medio Oriente. Su intervención en escenarios de alta tensión incrementó la exigencia sobre sistemas y personal.
Asimismo, la misión se extendió en reiteradas ocasiones. De continuar en actividad, el buque podría haber alcanzado un récord de permanencia desde la guerra de Vietnam, lo que elevó las alertas dentro del ámbito militar.
No obstante, el Pentágono resolvió su reemplazo. El USS George H. W. Bush tomará su lugar en la región, mientras el Ford se dirige a aguas del Mediterráneo para tareas de reparación y evaluación.
Por otro lado, voces del ámbito de defensa señalaron el límite operativo alcanzado. “Los barcos también se cansan”, advirtieron especialistas al referirse al desgaste acumulado.
Lecciones tras el incidente
En este sentido, el episodio dejó al descubierto una combinación de factores críticos. Fallas estructurales, mantenimiento postergado y despliegues prolongados conformaron un escenario de riesgo.
Asimismo, analistas coinciden en que no se trata de un hecho aislado. La sobreexigencia operativa impacta tanto en la capacidad de respuesta como en la seguridad del personal embarcado.
Bajo esta premisa, la Armada estadounidense evaluará sus protocolos. El objetivo será ajustar los tiempos de misión y evitar que situaciones similares vuelvan a repetirse.
Finalmente, el portaaviones USS Gerald Ford permanecerá en proceso de recuperación mientras se define su futuro operativo tras uno de los episodios más críticos de su despliegue reciente.
