Guerra entre Irán e Israel: el fracaso de la diplomacia

Guerra entre Irán e Israel: los ataques conjuntos de EE. UU. e Israel
ARCHIVO – En esta foto de archivo del 27 de septiembre de 2012, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, muestra una ilustración mientras describe su preocupación por las ambiciones nucleares de Irán durante su discurso ante la 67ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la sede de la ONU. AP – Richard Drew

1 DE MARZO DE 2026.- La guerra entre Irán e Israel ha tomado un giro dramático tras el colapso total de las negociaciones en Ginebra, donde mediadores de Omán habían reportado avances históricos apenas horas antes de la ofensiva. El ministro de Asuntos Exteriores omaní, Badr al-Bussaidi, había asegurado el viernes en CBS News que Teherán se comprometía formalmente a no fabricar armas atómicas, un hito que calificó como un “avance muy importante”.

Sin embargo, en la madrugada del sábado, la guerra entre Irán e Israel se materializó en una operación militar de gran escala que desarticuló los esfuerzos de paz. El presidente Donald Trump justificó los bombardeos alegando “amenazas inmediatas”, mientras Benjamin Netanyahu reforzó la postura de que no permitirán que el régimen iraní se dote de armamento nuclear, invalidando cualquier progreso alcanzado en la mesa de diálogo.

Análisis de la guerra entre Irán e Israel

En este escenario de alta tensión, surge el interrogante de si existió un malentendido diplomático o una maniobra táctica planificada por las potencias. Marcus Schneider, de la Fundación Friedrich Ebert en Beirut, considera improbable un error de percepción. Para el analista, el anuncio de Omán fue un último intento desesperado por impedir esta guerra entre Irán e Israel que Washington parecía decidido a iniciar tras el despliegue militar previo.

Por su parte, Diba Mirzaei, especialista del Instituto GIGA en Hamburgo, sostiene que el jefe de la diplomacia omaní no inventó los avances. “Acudió a la prensa para dejar clara la oportunidad que Estados Unidos estaba a punto de perder”, afirma la experta. Según su análisis, la lógica de “máxima presión” de la administración Trump busca una capitulación total que la República Islámica no está dispuesta a aceptar.

Un conflicto coordinado y de posiciones divergentes

Schneider destaca que las posiciones estaban muy alejadas desde el inicio de las conversaciones. Lo que Washington exigía era interpretado en Teherán como una rendición incondicional, lo que hacía que el éxito de la diplomacia fuera casi imposible. En ese sentido, el inicio de las hostilidades se perfila como una “guerra de elección” impulsada por un sector que confía en que el despliegue militar masivo forzará el colapso del sistema tras la muerte del ayatolá Jamenei.

Además, la coordinación técnica de los ataques sugiere una planificación quirúrgica entre los aliados. Aunque Israel inició el fuego segundos antes, la intervención estadounidense consolidó formalmente el estado de beligerancia. Esta maniobra táctica, diseñada también para satisfacer la base política del MAGA, ha arrastrado a la región a una inestabilidad que amenaza con cerrar el Estrecho de Ormuz, un punto vital para las exportaciones mundiales de petróleo.

El futuro incierto tras la ofensiva total

A diferencia de conflictos previos en la región, Irán posee una estructura de resistencia y un consejo de gobierno que ya se reorganiza para cubrir el vacío de poder. Trump ha llevado a Estados Unidos y a sus aliados a una situación donde solo se puede llegar a un nuevo acuerdo con grandes dificultades, mientras la diplomacia permanece silenciada por la artillería en medio de este enfrentamiento regional.

En paralelo, la comunidad internacional observa con preocupación cómo la agresividad militar de Washington y la respuesta misilística iraní cierran las puertas a cualquier salida negociada en el corto plazo. El mundo ahora se pregunta si esta lógica de escalada logrará imponer el “acuerdo mejor” que promete Trump o si, por el contrario, ha desatado un conflicto de consecuencias impredecibles que ya afecta a Omán, Pakistán y los Emiratos Árabes Unidos.