Comidas en familia reducen hasta un 34% el riesgo de adicciones

Familia con hijos adolescentes compartiendo una comida saludable en una mesa sin dispositivos electrónicos, fomentando la comunicación y el vínculo afectivo.
Un estudio de la Universidad de Tufts revela que la calidad de las interacciones durante las comidas familiares, como la comunicación abierta y la ausencia de pantallas, reduce hasta en un 34% el riesgo de consumo de sustancias en adolescentes.

5 de febrero de 2026.- ¿Quiere evitar que su hijo adolescente consuma drogas o alcohol? La respuesta podría estar en algo tan cotidiano como compartir la mesa. Un nuevo estudio de la Universidad de Tufts, titulado “Calidad de la comida familiar y consumo de sustancias en adolescentes”, revela datos reveladores. Según esta investigación, la frecuencia y la calidad de este hábito funcionan como un potente factor de protección.

Una investigación profunda a nivel nacional

Para este estudio, los investigadores realizaron una encuesta nacional en línea. Participaron 2.090 díadas de padres y adolescentes estadounidenses de entre 12 y 17 años. Por lo tanto, el equipo utilizó el Índice de Cenas Familiares (FDI-C) para evaluar la calidad de las interacciones. Esta herramienta mide cuatro dimensiones críticas: comunicación, disfrute, logística y la presencia de distracciones digitales.

Los adolescentes informaron sobre su consumo de alcohol, marihuana y vapeo en los últimos seis meses. Como resultado, los datos mostraron que un vínculo familiar sólido durante las comidas redujo drásticamente los riesgos:

  • Consumo de alcohol: entre un 22% y un 34% menos de riesgo.
  • Consumo de marihuana: hasta un 34% menos de probabilidad.
  • Vapeo: una reducción del riesgo de hasta el 30%.

El secreto está en el vínculo, no en el menú

La Dra. Margie Skeer, investigadora principal de la Universidad Tufts, enfatiza que la clave no reside en la complejidad de la comida. Por el contrario, la conexión puede ser sumamente sencilla.

“Conectarse regularmente durante las comidas —que puede ser tan simple como que un cuidador y un niño se paren en un mostrador a tomar un refrigerio juntos— puede ayudar a establecer una comunicación abierta y rutinaria entre padres e hijos”, explicó la especialista.

De este modo, el hábito de comer juntos facilita el monitoreo parental. Además, esta interacción permite conocer el estado emocional de los hijos sin que parezca un interrogatorio. Según la doctora, esto ayuda a lograr resultados más positivos a largo plazo para la mayoría de los niños. “No se trata de la comida, el momento o el entorno; lo que importa es la relación entre padres e hijos y las interacciones que ayuda a cultivar”, sentenció.

El peso de las experiencias traumáticas

Sin embargo, un hallazgo crucial del estudio es cómo el pasado del joven influye en este “escudo”. Los investigadores analizaron las Experiencias Adversas en la Infancia (ACE). Estos factores incluyen traumas como el divorcio de los padres, enfermedades mentales en el hogar, el abuso o haber presenciado actos de violencia.

Lamentablemente, los datos indican que los jóvenes con traumas previos tienen probabilidades mucho mayores de consumo:

  • Cannabis: hasta 2.45 veces más probabilidades.
  • Vapeo: hasta 2.29 veces más.

En consecuencia, para aquellos adolescentes que han sufrido cuatro o más experiencias traumáticas graves, las comidas familiares pierden parte de su efecto protector. Por esta razón, el estudio advierte que en casos de trauma acumulado se requiere un apoyo profesional especializado. En estos contextos, el simple hecho de compartir la mesa no alcanza para contrarrestar secuelas tan profundas.

Una herramienta de salud pública eficaz

Dada la alta prevalencia de traumas en la sociedad actual, promover comidas familiares de calidad es una intervención esencial. Se trata de una estrategia práctica, breve y de bajo costo. Por consiguiente, fomentar momentos sin pantallas es una de las mejores formas de fortalecer la salud mental de las nuevas generaciones. En conclusión, apagar el teléfono y escuchar lo que el adolescente tiene para decir es una medida preventiva fundamental.

(ct/HealthDay News)