Basura, impunidad y miedo: así se vive hoy en Tres de Febrero

Las calles inundadas de basura ilegal. Microbasurales en las calles Hugo del Carril y Concejal Silva (a la derecha) y Jujuy, entre Hugo del Carril y Guatemala (a la izquierda), en la localidad de Loma Hermosa, partido de Tres de Febrero. Fecha: 04.02.2026. (Collage: MiPeriódico / Edgardo Onishcuk)

Buenos Aires, 4 de febrero de 2026 (Mi Periódico).- Lo que ocurre hoy en distintos barrios del distrito roza lo insólito y expone una degradación que ya no puede explicarse como un problema de gestión. Quienes deberían cuidar el espacio público y garantizar condiciones mínimas de convivencia no pueden —o no quieren— controlar el vuelco ilegal de basura en las calles para no afectar un jugoso negocio. Esto ya no es desorden ni incapacidad: es mafia pura. Mientras los camiones pasan y la basura vuelve a acumularse, vecinos de zonas como Loma Hermosa conviven todos los días con montañas de residuos frente a sus casas. En este contexto, reclamar limpieza deja de ser un derecho básico y empieza a convertirse en un riesgo.

En ese marco de desidia estructural e impunidad sostenida, los microbasurales se forman, se limpian de manera parcial y vuelven a crecer sin controles ni sanciones reales. El circuito se repite una y otra vez. Hoy, Tres de Febrero se ha convertido en tierra de nadie. Si el Estado no enfrenta este negocio rentable de la basura ilegal, resulta ilusorio pensar que pueda frenar la expansión de la droga y el delito que mantienen a los barrios en jaque. La sensación de abandono ya no es subjetiva: se vive en la calle. No controlar el vuelco ilegal no es incapacidad; es la condición necesaria para que el sistema siga funcionando.

Microbasurales sin control en Tres de Febrero

Las imágenes registradas este 4 de febrero de 2026 confirman lo que los vecinos denuncian desde hace meses. Calles directamente inundadas de basura ilegal en Hugo del Carril y Concejal Santiago Silva, y en Jujuy, entre Hugo del Carril y Guatemala, muestran un paisaje cotidiano de abandono. Bolsas rotas, residuos domiciliarios, restos voluminosos y desperdicios esparcidos ocupan la calzada y las veredas. En esos puntos críticos no hay controles. Tampoco hay sanciones ni presencia preventiva que impida que la basura vuelva a aparecer a las pocas horas.

Del basural al miedo: cuando la impunidad también amenaza.
Sin embargo, el daño no se agota en el aspecto ambiental. Los vecinos, ya víctimas de un sistema atravesado por la corrupción y la impunidad, no solo deben convivir con residuos en la puerta de sus casas sin que las autoridades actúen. También enfrentan situaciones de intimidación directa. Personas que se mueven con total libertad amenazan a quienes reclaman, circulan armadas y refuerzan un clima de miedo que protege el negocio ilegal de la basura. La misma impunidad que habilita arrojar residuos a cualquier hora y en cualquier esquina permite que estas conductas se repitan sin consecuencias.

Vecinos denuncian abandono e intimidaciones

Un problema crónico que el poder convirtió en sistema.
La crisis de los microbasurales en Tres de Febrero no es nueva ni aislada. Desde al menos octubre de 2025, distintas investigaciones periodísticas advirtieron sobre el abandono sostenido del espacio público y la falta de respuestas oficiales frente a la acumulación de residuos ilegales. Los reclamos vecinales se multiplicaron, pero la reacción del poder político fue mínima o directamente inexistente. El resultado es un escenario de descrédito institucional, donde el silencio reemplazó a las soluciones.

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Basurales que nadie levanta durante días

Los testimonios de vecinos de distintos barrios coinciden en un diagnóstico contundente. El problema no es, únicamente, que el servicio de recolección falle de manera ocasional. En muchos puntos críticos, los camiones pasan y retiran parte de los residuos. Sin embargo, la contundencia de las imágenes registradas en Loma Hermosa pone en duda ese relato. Los basurales permanecen durante días sin ser levantados. Esto da cuenta de una ausencia prolongada del servicio en zonas puntuales del distrito.

Frente a esta evidencia, el resultado es el mismo. No existe un sistema real de prevención, control y sanción. La limpieza aparece de manera intermitente. La basura vuelve a acumularse y el ciclo se repite. Cada repetición consolida la idea de que ensuciar no tiene consecuencias, mientras reclamar implica exponerse.

La pregunta ya no es cuándo se va a limpiar una esquina puntual. La verdadera pregunta es a quién le conviene que la basura nunca desaparezca. Mientras los barrios se degradan, la salud se deteriora y el miedo se instala como norma, hay un circuito que sigue funcionando. Y el vecino que sufre, seguro no es quien sale ganando.

¿De quién es la culpa cuando un microbasural es persistente?

Cuando un microbasural aparece todos los días, a la misma hora y en el mismo lugar, el problema deja de ser casual. Frente a esa escena repetida, surgen dos miradas: quienes sostienen que la responsabilidad es únicamente del vecino que tira basura, y quienes advierten que existen responsabilidades más amplias. Ambas miradas contienen parte de la verdad, pero enfocarse solo en el infractor individual implica perder de vista el problema de fondo.

En primer lugar, está el hecho inicial. El vecino o comercio que arroja residuos en un lugar no permitido es un infractor. Es una conducta incívica y contraria a las normas vigentes. Nadie lo discute.

El problema se agrava cuando esa conducta se repite sin consecuencias. Cuando el mismo punto se ensucia una y otra vez, de manera predecible y sin sanciones, deja de tratarse de un hecho aislado. Se transforma en un patrón. En la práctica, ese espacio pasa a funcionar como una zona liberada, donde la norma existe solo en el papel.

Ahí aparece la falla principal. ¿Quién permite que una zona liberada exista? Las autoridades municipales, que tienen el deber y las herramientas para prevenir, vigilar, sancionar y gestionar. Prevenir con infraestructura adecuada y campañas de concientización. Vigilar y sancionar con controles en los horarios críticos y multas efectivas. Gestionar no solo retirando la basura, sino erradicando de forma definitiva el foco de contaminación.

Cuando el municipio se limita —y de manera intermitente— a levantar residuos, y omite la prevención y la sanción, no está gestionando el problema. Está administrando el abandono. Esa omisión convierte al Estado en un actor funcional al sistema que dice combatir.

La solución no pasa por discusiones abstractas ni por trasladar toda la culpa al vecino. Pasa por exigir acciones concretas: el retiro inmediato del basural, controles y sanciones en los horarios y lugares críticos, y un plan real, sostenido y con participación vecinal para erradicar estos focos de manera definitiva.

Mientras eso no ocurra, el ciclo seguirá repitiéndose. Y la basura, como el miedo y la impunidad, seguirá ganando terreno.