La apertura de Milei vs. la guerra comercial de Trump

 5.000 autos eléctricos de China llegan a Argentina, un símbolo de la flexibilización de las importaciones por parte de Milei. (AP/ Victor R. Caivano).

Buenos Aires, 22 de enero de 2026.- Más de 5.800 vehículos eléctricos e híbridos relucían el miércoles sobre la cubierta del BYD Changzhou. El buque de carga chino descargaba en un puerto fluvial del noreste argentino.

En muchos países, una escena así pasaría inadvertida. El fabricante chino BYD aceleró sus exportaciones y redujo precios a escala global. Esa estrategia generó alarma en Washington y tensiones en Europa y Japón. También descolocó a industrias locales de Asia, África y América Latina.

En Argentina, sin embargo, la imagen fue inédita. Miles de autos eléctricos chinos desembarcando junto a un río bonaerense marcaron un quiebre. El país atravesó durante años una profunda crisis económica. Ese período estuvo dominado por gobiernos populistas de izquierda. La industria local fue protegida con altos aranceles y fuertes restricciones a las importaciones.

“Durante décadas prevaleció la idea de que todo debía fabricarse en Argentina”, explicó Claudio Damiano, profesor de la Universidad Nacional de San Martín. “Este barco tiene un valor simbólico. Es el primer paso de BYD. La pregunta es hasta dónde llegará”.

El envío contrastó con lo ocurrido ese mismo miércoles en Bruselas. Allí, legisladores de la Unión Europea decidieron postergar la ratificación de un acuerdo comercial con el Mercosur. El pacto busca reducir barreras y favorecer exportaciones industriales europeas. Entre ellas, los vehículos eléctricos.

“Para los europeos no hay forma de competir con los chinos”, afirmó Damiano.

Argentina fue una de las economías más cerradas de la región durante el kirchnerismo. El movimiento estuvo liderado por Cristina Fernández de Kirchner y su esposo, Néstor Kirchner. El país defendió un discurso proteccionista. También dejó de pagar deuda soberana y miró con desconfianza al comercio global.

La depreciación crónica del peso y la elevada presión impositiva limitaron la oferta para los consumidores. Durante años, muchos argentinos trajeron productos del exterior de manera informal. Teléfonos iPhone y ropa de marcas internacionales fueron ejemplos frecuentes.

Cansados de las crisis recurrentes, los votantes llevaron al poder en 2023 a Javier Milei. El economista libertario prometió achicar el Estado y eliminar regulaciones. También se declaró admirador de Donald Trump, a quien definió como un aliado ideológico.

Desde entonces, Milei avanzó en una dirección opuesta a la de su referente estadounidense. Mientras Trump impulsó guerras comerciales, Argentina abrió su economía. El gobierno redujo barreras, simplificó trámites aduaneros y liberalizó importaciones. También apuntaló la moneda local para abaratar productos extranjeros.

En 2025, el país registró un aumento récord del 30% en las importaciones. Gran parte del crecimiento se explicó por productos de bajo costo. Espumadores de leche y prendas baratas llegaron desde plataformas asiáticas. Temu y Shein lideraron ese fenómeno.

Ahora, los fabricantes chinos aprovechan una medida clave. El gobierno habilitó la importación de hasta 50.000 vehículos eléctricos e híbridos sin aranceles este año. Hasta hace poco, estos autos pagaban tasas del 35%. El primer cargamento llegó el lunes a Zárate. El viaje duró 23 días desde Singapur.

Desde el Foro Económico Mundial de Davos, Milei defendió su agenda. Aseguró que la desregulación permite una economía más eficiente. “Esto es MAGA: Make Argentina Great Again”, afirmó.

Milei y Trump comparten varias posiciones. Rechazan la llamada corrección política. Desconfían de los organismos multilaterales. Niegan el cambio climático y apoyan fuertes recortes presupuestarios.

Sin embargo, en Davos quedaron expuestas sus diferencias. Milei defendió el libre mercado sin intervención estatal. Trump insistió en una visión nacionalista. Exigió control sobre Groenlandia y amenazó con nuevos aranceles a aliados.

Aun así, el alineamiento político le dio beneficios a Milei. Argentina se convirtió en una excepción regional. Trump usó la influencia estadounidense para respaldar a su aliado. El año pasado ofreció un canje de créditos por 20.000 millones de dólares. El objetivo fue fortalecer al gobierno argentino de cara a elecciones legislativas clave.

Paradójicamente, el principal beneficiado por la apertura fue China. Las importaciones desde ese país crecieron más del 57% interanual. Además, la inversión china avanzó en energía y minería.

“Argentina volvió al mundo”, celebró el portavoz presidencial Javier Lanari. Se refirió al arribo de los autos chinos. “Los vehículos de fabricación cubana heredados del kirchnerismo quedarán en el pasado”, afirmó.

Los autos chinos ya se expanden por América Latina. Generan tensiones desde Ciudad de México hasta Río de Janeiro. En Argentina, las marcas asiáticas están bien posicionadas. El cupo sin aranceles aplica a modelos de menos de 16.000 dólares.

“Los fabricantes chinos tienen la tecnología y la escala necesarias”, explicó Andrés Civetta, economista de la consultora Abeceb. “Pueden cumplir con los precios fijados por el gobierno. China ganó la carrera”.

Las automotrices occidentales denunciaron competencia desleal. Legisladores opositores cuestionaron la exención impositiva. El auditor general escribió en redes sociales: “Trump tiene razón: hay que frenar a China”.

Aun así, Argentina sigue rezagada en vehículos eléctricos. Lo advirtió Pablo Naya, fundador de Sero Electric. Es el único fabricante nacional del rubro. La red eléctrica es antigua y no soportaría una adopción masiva. Además, no existen centros de servicio para reparar autos chinos.

“No estamos realmente preocupados”, dijo Naya desde la planta de Castelar.

Pero advirtió sobre un posible cambio de escenario. Si la infraestructura y la demanda crecen, el impacto será mayor. “Ahí sí se nos complicaría”, afirmó. “Tendríamos un problema”.

Con AP