
10 de enero de 2026.- La OTAN cuenta con planes detallados para responder a ataques militares, pero carece de un manual para enfrentar un escenario inédito: las crecientes amenazas del presidente Donald Trump y su idea de apoderarse del territorio de un aliado. La situación pone a prueba la credibilidad y la cohesión de la alianza atlántica en un momento de máxima tensión geopolítica.
Hasta ahora, la estrategia del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha sido el silencio. Sin embargo, expertos advierten que esa postura difícilmente pueda sostenerse en el tiempo. El solo hecho de que el debate exista ya es visto como una victoria estratégica para Moscú.
“El mero hecho de que estemos teniendo este debate es una gran victoria para Putin”, afirma Patrik Oksanen, investigador principal del Stockholm Free World Forum. Desde el norte de Europa, señala que las declaraciones de Trump se producen en un contexto delicado y han sido reforzadas tanto por el propio presidente como por su asesor Stephen Miller, quien llegó a cuestionar la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia y a plantear si tropas europeas se enfrentarían a Estados Unidos.
Para Ed Arnold, del Royal United Services Institute y exfuncionario del cuartel general militar de la OTAN, la alianza se basa en valores y confianza. En ese marco, considera que abrir consultas internas sobre este tema proyectaría una imagen negativa: treinta y dos aliados sentados a la mesa mientras “la principal amenaza está sentada con ellos”.
Algunos analistas sugieren que una posible respuesta sería el despliegue de tropas europeas en Groenlandia, como señal política de que su defensa se toma en serio. Steven Everts, director del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea, sostiene que la clave no es la confrontación directa, sino la claridad política. Asegura que Europa debe dejar en claro cómo concibe el futuro de Groenlandia y el de la propia alianza, sin ambigüedades.
Desde Dinamarca, el eurodiputado Anders Vistisen advierte que la situación es demasiado grave como para mensajes confusos. Reclama una respuesta firme hacia la administración estadounidense y rechaza cualquier intento de presión o intimidación sobre Groenlandia.
El debate también llegó al Parlamento Europeo. Per Clausen, eurodiputado de izquierda, propuso suspender la aprobación de un acuerdo sobre aranceles transatlánticos mientras continúen las amenazas. En una carta dirigida a sus colegas, alertó que avanzar con ese pacto sería premiar una conducta que pone en jaque el orden internacional.
Clausen remarcó que la Unión Europea dispone de herramientas económicas capaces de generar un impacto significativo en Estados Unidos y pidió dejar en claro que podrían utilizarse si no cesa la presión sobre Groenlandia. Según explicó, en Dinamarca el clima es de enojo más que de miedo, y espera que Europa demuestre que el país no está solo.
Esa señal comenzó a tomar forma el martes 6 de enero en París, cuando líderes de Alemania, Italia, Polonia, España y el Reino Unido se sumaron a la primera ministra danesa en una declaración conjunta: solo Dinamarca y Groenlandia deben decidir sobre sus asuntos. El gesto se produjo antes de reunirse con intermediarios estadounidenses y, aunque pueda parecer limitado, refleja la seriedad con la que varios gobiernos europeos evalúan la amenaza.
Para Oksanen, el trasfondo es aún más profundo. Si Estados Unidos lograra imponerse en Groenlandia, advierte, se trataría de un punto de quiebre histórico con consecuencias imprevisibles para el orden internacional.
Con DW
