
Buenos Aires, 17 de diciembre de 2025 (Mi Periódico).- En medio de la profunda tristeza, vecinos, amigos y compañeros dieron el último adiós al subayudante Matías Nicolás Di Paolo pasados los primeros minutos del mediodía de este miércoles. Con una interminable caravana de autobombas y vehículos, su despedida estuvo marcada por el dolor y la rabia, tras un trágico accidente ocurrido mientras cumplía con su deber.
El sepelio del bombero, ascendido post mortem a subayudante, tuvo lugar en el Cementerio de Pablo Podestá, en el cruce de las calles 1° de Mayo y Firpo, en Tres de Febrero. Un adiós que, aunque conmovedor, no podrá aliviar el sufrimiento causado por la tragedia.
Mientras tanto, el conductor del vehículo que atropelló a los bomberos permanece detenido. Y surgen preguntas que aún claman por respuesta: ¿cómo es posible que la infraestructura de la zona, el estado de la avenida, sigan siendo los mismos que provocaron la tragedia que se cobró la vida de Di Paolo y dejó a tres compañeros gravemente heridos? ¿Hasta cuándo vamos a tolerar la desidia y la negligencia?

El accidente ocurrió el lunes por la noche, cerca de las 20:30, cuando la dotación de bomberos combatía un incendio en la vía pública. La tragedia dejó un saldo de devastación no solo física, sino emocional. De los cinco bomberos involucrados, uno salió ileso por milagro, mientras que los otros tres sufrieron heridas graves. Dos de ellas, mujeres, una de las cuales perdió una pierna por debajo de la rodilla y permanece internada en el hospital Bocalandro. Los otros compañeros fueron trasladados a hospitales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Lo más indignante, sin embargo, ocurrió al día siguiente. El lugar del accidente seguía igual: montañas de basura acumuladas en las banquinas de la Avenida Bernabé Márquez (RP 4), entre la Ruta Provincial 210, que conecta Palomar con Hurlingham, y el Puente de la Estación Pablo Podestá, en los municipios de Morón y Tres de Febrero. Un escenario de abandono y negligencia que refleja la falta de compromiso de las autoridades. Aún se podían ver las carrocerías de autos robados y quemados, sin que nadie se molestara en retirarlas de la zona. ¿Es que acaso no hay nadie que se preocupe por la seguridad de quienes arriesgan su vida todos los días para salvar a otros?
El Sistema Nacional de Bomberos Voluntarios decretó luto por 72 horas, con banderas a media asta en los cuarteles de todo el país, y expresó su apoyo a los familiares, amigos y compañeros de Di Paolo. Pero las banderas a media asta no son suficientes cuando lo que realmente se necesita es una respuesta contundente: un cambio urgente en las condiciones que permitieron que esta tragedia ocurriera.
Matías Di Paolo, además, era pareja de una de las bomberas que resultaron heridas en el accidente. Ese vínculo, que debería ser un refugio de amor y apoyo, se ha visto marcado por el dolor de una tragedia que, lamentablemente, podría haberse evitado si tan solo se hubiera tenido la mínima decencia de cuidar a quienes arriesgan sus vidas para salvar a otras.
No podemos seguir esperando que la indiferencia sea la norma. No podemos seguir soportando que nuestras calles, banquinas y rutas se conviertan en un campo de batalla para aquellos que arriesgan todo por el bienestar de los demás. Las autoridades deben responder. Las vidas de nuestros bomberos no pueden ser tratadas con tanta indiferencia.
