
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 28 de marzo de 2025.- En una entrevista sin filtros con El Economista, el economista Gabriel Rubinstein, exviceministro de Economía y figura clave durante la gestión de Roberto Lavagna, analizó con crudeza los desafíos económicos actuales. Con la experiencia de quien negoció con el FMI en 2002-2005, desmenuzó la frágil situación cambiaria, el rol del Fondo Monetario y los riesgos que enfrenta el Gobierno de Javier Milei.
Rubinstein se refiere al desembolso del FMI y señala que no va a implicar una billetera para el gobierno, ni siquiera para que Argentina pueda vender dólares a piacere, porque una parte significativa del desembolso será para devolverle al mismo Fondo.
Es decir, partidas encajonadas o semiencajonadas. Rubinstein, quien representó al ministro Roberto Lavagna en el Banco Central entre 2002 y 2005, conoce de cerca las negociaciones con el Fondo y agrega con conocimiento de causa: “Para que el gobierno intervenga el tipo de cambio con recursos del préstamo, el FMI tiene que decir que sí, y eso se discute”.
Hace unos días, publicó en X su nuevo libro digital: Algunas discusiones en tiempos de motosierra. Allí repasa su paso por el gobierno como viceministro de Economía, reconstruye debates clave de la macro reciente y propone ideas para estabilizar el país.
“El equipo económico ha acertado en priorizar el superávit fiscal, un avance innegable. Sin embargo, arrastra graves deficiencias en política monetaria, con diagnósticos equivocados –como su teoría de la ‘base monetaria amplia’– que revelan un análisis técnico pobre. Por ahora, estos errores pasan desapercibidos porque el foco está en otros frentes.
En materia cambiaria, la situación es frágil pero manejada con pragmatismo: Caputo entendió que la intervención era inevitable para mantener cierta estabilidad. El esquema actual, aunque insostenible a largo plazo, ha servido para contener la inflación y dar un respiro a la actividad económica. El verdadero desafío será la transición hacia un modelo más sólido.
Más allá de la autocomplacencia (‘el mejor presidente’, ‘el mejor ministro’) –que la historia juzgará en su momento–, se trata de un equipo competente en lo esencial. El exceso de autobombo no debería opacar los aciertos en el manejo macroeconómico, aunque persisten vulnerabilidades que requieren atención urgente”, señaló.
Sobre la escasez de reservas
El eje es claro: sin reservas, no hay macro sustentable. “La escasez de reservas en el BCRA implica que Argentina ha asumido convivir con riesgos hiperinflacionarios”, escribe. Y no esquiva el balance personal: “Hice lo que pude. Con algunos pocos logros, y bastantes fracasos. Es lo que me tocó vivir”. Tampoco elude la tensión de decidir si quedarse o no en el cargo del gobierno del Frente de Todos: “No soy de escaparle al bulto. Me hubiera parecido una actitud cobarde de mi parte irme en tales circunstancias”. Cuenta incluso que su plan para Sergio Massa fue “filtrado” a Horacio Verbitsky: “No sé por quién, posiblemente para ayudar a que no fuese implementado”.
El control cambiario
Sobre el control cambiario Rubinstein fue contundente: “Es una burla decir que no controlan el dólar. Controlan el oficial y el paralelo. Es ridículo. Nadie lo cree”. Señaló que el Gobierno interviene activamente en el mercado, vendiendo unos USD 1.300 millones en el dólar blend, y advirtió que esta estrategia, aunque necesaria para contener la brecha, no resuelve el problema de fondo.
Respecto a la unificación cambiaria
El economista consideró que es “altamente probable”, pero alertó que será un sistema frágil por la falta de reservas suficientes. “Todo indica que va a ser un mercado cambiario débil. No hay margen para sostenerlo ante una corrida”, explicó. Sobre el préstamo del FMI de USD 20.000 millones, estimó que unos USD 12.000 millones se destinarán a pagar deudas con el propio Fondo, y solo USD 8.000 millones quedarían disponibles, aunque con restricciones. “El FMI no va a permitir que usen esos dólares para vender barato en el mercado”, afirmó.
Sobre el sistema cambiario argentino
Rubistein dijo que el sistema cambiario tiene que permitir que no se entre en pánico, de manera tal que haya un valor nominal del dólar que sea infranqueable, que no se pueda pasar. Que no vuelva a suceder lo que pasó cuando ganó Milei que el dólar estaba en 1100 o 1200, y de pronto había empresarios que decían que se iba a 2000 o 3000, y remarcaban precios.
Tiene que haber un sistema cambiario que no permita que alguien tenga esas fantasías o esas expectativas, porque son dañinas. Esa es la razón por la cual termina habiendo un dólar atrasado. Muchos ponen precios muy altos, y después de que no hubo devaluación, no bajan los precios o los bajan muy poco. Así queda un tipo de cambio bajo con el que se tiene que convivir.
Yo pienso que u$s30.000 millones netos, para vender en caso de pánico (a $2.000 el dólar), es un buen nivel. Es muy difícil imaginar corridas de tal magnitud que puedan llevarse puestos 30.000 millones de dólares a un valor de 2.000.
Aparentemente hoy hay unos u$s125.000 millones equivalentes en pesos que amenazan con convertirse en dólares. Si se avanza, se devalúa, y se pasa de un dólar de 1.000 a 2.000. Ahí se baja a 70.000 o 60.000 millones de dólares. No hay antecedentes de corridas tan grandes. Pensando en crisis probables, u$s30.000 millones de reservas netas usables son suficientes.
Hoy estamos en -8.000. Pero con el préstamo del Fondo vamos a terminar 10.000 arriba. Aunque, usable de esos u$s10.000 millones es casi nada.
Rubinstein propuso un “dólar medio”
Como solución intermedia entre un tipo de cambio artificialmente bajo (que genera expectativas de devaluación) y uno demasiado alto (que dispararía la inflación). Criticó la estrategia de diciembre de 2023, cuando la incertidumbre llevó a muchos empresarios a proyectar un dólar a USD 3.000, lo que terminó trasladándose a precios. “El Gobierno debe evitar que se instalen esas expectativas, porque después es muy difícil bajarlas”, dijo.
El economista también comparó la situación actual con la gestión de Lavagna (2002-2005)
Cuando se logró superávit fiscal del 3% del PBI durante varios años. En contraste, cuestionó la falta de autocrítica del kirchnerismo por el déficit del 4% en 2015 y la pérdida de USD 40.000 millones en reservas. “Sin reservas, Argentina convive con riesgos hiperinflacionarios. Es un macrocidio”, afirmó.
Sobre el equipo económico de Milei
Rubinstein reconoció el avance en el ajuste fiscal, pero criticó errores en política monetaria y la falta de un plan cambiario sostenible. “Caputo entendió que tenía que intervenir, pero el esquema sigue siendo frágil”, señaló. También cuestionó la estrategia política del Gobierno: “Solo exacerbando grietas. Si la gente se cansa de Milei, todo puede desmoronarse”.
En cuanto a las jubilaciones
El economista fue pesimista: “Sin reformas profundas, seguirán siendo malas por muchos años”. Y atribuyó la caída en la confianza del consumidor a errores como el escándalo del CryptoGate y discursos contraproducentes, como el de Davos.
Al cierre
Finalmente Rubinstein insistió en que la clave para la estabilidad es acumular reservas y evitar soluciones cortoplacistas. “Sin reservas y con grietas políticas, cualquier equilibrio es frágil”, concluyó, dejando en claro que los desafíos económicos de Argentina están lejos de resolverse con medidas aisladas.
Con El Economista/NA
